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Misa y llanto en zona cero de Manta por víctimas del terremoto

Con el corazón destrozado, unas 2.000 personas escucharon la tarde y noche del domingo 16 de octubre, la misa en la zona cero de Manta.

Foto de Sistema Granasa
Velas y globos blanco, rosas rojas y un mural con varias fotografías de los fallecidos adornaban el escenario religioso y el helado viento que soplaba en aquel perímetro.Hernán Lucas

Con el corazón destrozado, unas 2.000 personas escucharon la tarde y noche del domingo 16 de octubre, la misa en la zona cero de Manta. Cada palabra que pronunciaba el sacerdote Manolo Rodicio, arrancaba muchas lágrimas de los familiares de las víctimas del terremoto del 16 de abril pasado.

Los recuerdos afloraron en los deudos de las personas que perecieron dentro del almacén del centro comercial Felipe Navarrete. Allí en una improvisada capilla con los allegados de los 95 fallecidos en el terremoto del 16A se hizo la misa.

En un amplio terreno baldío donde algún día estuvieron grandes edificaciones comerciales y rodeados de casas en ruinas y polvorientas avenidas, se escuchó la palabra de Dios.

Entre los familiares de las víctimas, encontramos a una mujer que no paraba de llorar y recordaba a su hija María Gabriela Rojas Cedeño, de 22 años. Era la periodista Betty Cedeño, quien fue la promotora que se recordará los seis meses de la desgracia, justo en la sesión ‘Todo Papelería’ del Felipe Navarrete, se dio el acto.

Velas y globos blanco, rosas rojas y un mural con varias fotografías de los fallecidos adornaban el escenario religioso y el helado viento que soplaba en aquel perímetro, hacía temblar hasta el más fuerte ser humano que acudió después de seis meses a ese desolado y fantasmal lugar.

En horas de la mañana del domingo los allegados a las víctimas acudieron a los cementerios Parques El Recuerdo, Jardínes El Edén y Ely Alfaro, de Manta, donde depositaron flores en las tumbas de las víctimas de esa tragedia y oraron en su memoria.

Al final de la misa llegaron los abrazos y el llanto afloró. Allí abrazados y secándose las lágrimas, poco a pocos los familiares de las víctimas abandonaron el lugar, no sin antes elevar una plegaria en memoria de los fallecidos.