La revisión vehicular volvió en Quito... y los aprovechados también
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La revisión vehicular volvió en Quito... y los aprovechados también

A pesar de que los usuarios van con su carro ‘papelito’ para cumplir con el proceso, justo antes de entrar, los vendedores detectan supuestas anomalías para sacarles billete. ¡Póngase pilas, mijín!

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Los enganchadores de las mecánicas aguardan por los usuarios cerca del puesto de revisión vehicular.ANGELO CHAMBA

La revisión vehicular es un trámite obligatorio para obtener la matrícula, pero a este proceso se suma un obstáculo: el riesgo de ser estafado afuera de los establecimientos de la capital.

Entre el susurro y la denuncia, los usuarios dicen que “hay que tener cuidado con los vendedores”. Pero a Daniel Oquendo y a sus padres les sorprendió un nuevo modus operandi. Y contaron a EXTRA cómo lo enfrentaron.

Los adultos mayores, de 71 y 66 años, acudieron al centro de revisión ubicado en La Florida, norte de Quito. Su cita era a las 09:30 del miércoles anterior.

“Estábamos seguros de que el auto estaba en perfectas condiciones para pasar la revisión”, comenta la mujer.

Sin embargo, un hombre con un distintivo de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) los detuvo unos metros antes de ingresar, pidiéndoles papeles.

“Pensamos que era un funcionario y le dijimos que teníamos todo en orden”, relata.

En ese momento, “como abejas”, se acercaron al menos 10 personas a ofrecerles sus servicios. “Mi jefe, el foco de atrás está quemado, así no va a pasar”, les dijo un hombre.

Desconcertada, la adulta mayor se bajó del vehículo para verificar. ¡Inaudito! Una de las luces no prendía. “Nos ofrecieron cambiarla y como ya teníamos el turno, aceptamos”.

De nuevo, ‘mágicamente’, otra de las luces no prendía. Allí les convencieron de que les dejaran revisar los fusibles. “¡Eso ha sido, señorita!”, agregaron los sujetos.

Se presume que los vendedores acercan un imán a los focos para que se rompan internamente.

En total, les cambiaron cinco focos en menos de 10 minutos, ya que aprovecharon la confusión de la pareja y, sobre todo, la premura de no perder el turno, pues este año se convirtió en una odisea obtenerlo.

El Municipio de Quito registró problemas en la plataforma de turnos y dijo que “les hackearon” el sistema. ¡Un lío!

“No podíamos pasar por lo mismo”, dice Daniel.

La ‘cuentota’

Luego de toda la ‘ayuda’ brindada, los vendedores hicieron cuentas. Como resultado, la pareja tenía que pagar 208 dólares. ¡Sí, más de dos ‘gambas’! A los focos (que en el mercado cuestan 7 dólares, pero querían cobrárselos a 70) se sumaron unos cauchos del motor y las plumas.

“No sé cómo hicieron para romper la pluma”, lamenta la mujer.

En ese momento llamó a Daniel. Él ‘voló’ hacia allá, no sin antes advertirle a su mamá que se trataba de una estafa y que no hiciera nada. “Incluso, (los supuestos estafadores) le habían mandado al cajero y le dieron la opción de que pagara con tarjeta”, añade Oquendo.

Cuando él llegó, pasó un patrullero de policía y él les explicó la situación. Los uniformados acompañaron a la familia unas cuantas cuadras para que no les cobraran. “Estas personas también desaparecieron en cuanto nos vieron con los policías”.

Relató su experiencia en Twitter y allí tuvo centenas de reacciones. En las respuestas, muchos dijeron que esta sería una práctica recurrente afuera de los sitios de revisión vehicular a nivel nacional.

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Al día siguiente de la denuncia ciudadana, ya hubo controles.ANGELO CHAMBA

El Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano respondió a la denuncia de Daniel y desplegó una cuadrilla de uniformados en ese punto de revisión. “Informamos que, de acuerdo con nuestras competencias, realizamos patrullajes de control”, aseguraron a través de las redes.

Carlos Cueva, uno de los vendedores, le dice a EXTRA que las acusaciones de los usuarios no son verdad. “No es posible que podamos quemarle un foco desde afuera”.

Sin embargo, el hombre acepta que la competencia entre mecánicas puede hacer que los usuarios se sientan intimidados ante tanta oferta de servicios con los ‘enganchadores’.

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