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Baldor, aquel de las pesadillas aritméticas, era cubano

¿Quiénes recuerdan esta frase? “No me importa la respuesta, quiero ver el proceso que usaste para resolver el caso de factoreo”.

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Su creador fue un matemático cubano, Aurelio Ángel Baldor de la Vega; también fue profesor, escritor y abogado.Internet

¿Quiénes recuerdan esta frase? “No me importa la respuesta, quiero ver el proceso que usaste para resolver el caso de factoreo”. La sentencia era común entre muchos profesores de Matemática cuando sus alumnos copiaban la respuesta de las últimas páginas de la poco querida Álgebra de Baldor.

El secreto no era secreto. Las respuestas estaban al final del grueso texto de más de 500 páginas pero a los profesores les importaba más la mezcla de números y signos antes que la propia respuesta. Todo eso convirtió a Baldor en un personaje poco amado entre las aulas de los estudiantes de los años 60, 70, 80, 90 y 2000. Pero el problema no solo era la Álgebra, Baldor tuvo unas precuelas y secuelas: la Aritmética de Baldor, la Geometría de Baldor... ¡qué recuerdos!

Para los que gustan de los números, estos eran solo libros de aprendizaje, pero los que preferían las letras; una pregunta como esta podía causar -al menos- un susto: “¿Qué número hay que restar de 22 para que la diferencia equivalga a la mitad de 22 aumentada en los 6/5 del número que se resta?”.

Solo con preguntar a dos estudiantes universitarios de Comunicación Social sobre sus experiencias con Baldor y afloran anécdotas. Katherine Rosado, de 22 años, relata que “nunca le gustaron las Matemáticas y que durante sus clases de factorización en décimo año sufría cuando le mandaban de tarea ejercicios de Baldor. Hoy Katherine está por finalizar su carrera universitaria y maneja el inglés como su segundo idioma.

La misma tensión pasó Juan Ponce, de 21 años, en su época colegial y califica a Baldor como “el terror de las Matemáticas”. Ahora Juan está en el último semestre de Comunicación y es uno de los estudiantes más destacados de su clase. A pesar de que Katherine y Juan estudiaron en diferentes colegios, Rita Lecumberri y Otto Arosemena Gómez respectivamente, entre el 2005 y 2008, el sentimiento era similar. Frases como las de ellos eran comunes entre los colegiales. Pero también existieron otras oraciones, con expresiones más duras y ofensivas hacia el libro y es que “Baldor no se dejaba querer”, dice Miriam León de 23 años, y docente de cultura física en un colegio en el norte de Guayaquil. Miriam cuenta que su profesor de Matemáticas le decía que debería tratar a Baldor como si fuese su novio.

Para unos era un reto y para otros un momento de susto cuando un maestro soltaba un enunciado como: “ecuaciones con radicales que se reducen a segundo grado”.

En la mayoría de ocasiones el profesor ofrecía puntos extra para aquellos que fueran capaces de resolver el ejercicio, y por lo general esos eran los minutos de gloria de los “matones” o ‘nerds’ de la clase.

Así pasaban los trimestres en los salones de clases (hoy quinquimestres), entre las poesías de Medardo Ángel Silva, lecturas de la Ilíada y Odisea, en literatura; las biografías de los presidentes en historia y Baldor. Y así muchos se graduaron sin conocer la historia del libro con el hombre del atuendo árabe.

El autor de la saga de textos no fue el hombre que está en la portada. Su creador fue un matemático cubano, Aurelio Ángel Baldor de la Vega; también fue profesor, escritor y abogado. El árabe que aparece en la portada fue el persa Al-Juarismi, filósofo de las ciencias exactas, que vivió entre 780 y 850, a quien Aurelio Baldor le guardaba admiración por sus conocimientos numéricos.

Para los que pensaban y piensan que el creador de Baldor intentaba quitar el sueño a los adolescentes de otras generaciones, pues según una publicación de larevista.ec del 1 de julio de 2012. Rodolfo Chang, vicerrector Académico del Centro Educativo Naciones Unidas (CENU), explicó que los textos de Baldor aparecieron porque el autor trató de llenar el vacío que en esa época marcaba el estudio de las Matemáticas en Latinoamérica”. Baldor -dice la publicación- estaba convencido de que solo la práctica ayudaría al entendimiento global del “tema tratado”; a eso se deben los 39 capítulos de su Índice completo.

Según larevista.ec, Aurelio Baldor fue un hombre hogareño pero muy dedicado a su trabajo. Gustaba de la oratoria de Jose Martí y del café. El béisbol y el boxeo eran sus deportes favoritos. Según la primera publicación de su texto en 1941, a cargo de Publicaciones Cultural ódice América, S.A. de México, se cree que Baldor ya tenía gran parte del ejemplar antes de casarse con Moraima Aranalde en 1940, con quien tuvo siete hijos Daniel, Carlos, José Luis, Gertrudis, Teresa, Rodolfo y Aurelio Jr., este último contactado a través de “comunicación internacional”, lo describe como “un hombre de piel tostada y de apariencia impecable”, según el sitio web larevista.ec.

El libro tuvo dos publicaciones posteriores en 1983 y 1997 a cargo de la misma imprenta, a quien Aurelio Baldor vendió sus derechos de autor mientras abandonaba Cuba después de la Revolución Cubana de 1959.

Aurelio Baldor murió el 2 de abril de 1978 en Miami, Estados Unidos, a causa de un enfisema pulmonar.

El pesado libro no es el único en su rama. También está el Algebra Elemental Moderna o conocida también Álgebra de Mancil, que no le resta el poco cariño que se ha ganado Baldor, pero que también fue consultado en algunas escuelas ecuatorianas.

Aunque la enseñanza ha cambiado en el país, en varios centros educativos se sigue consultando a Baldor. Noveno y décimo año son los cursos preferidos para conocer el texto.

Para los que gustaban de resolver la “Miscelánea sobre ecuaciones enteras de primer grado con una incógnita”, Baldor cuenta con una plataforma donde se encuentra el “Índice temático de los 305 Ejercicios enunciados en el álgebra de Baldor”. Ahí cada ejercicio de los enunciados tiene su respectivo desarrollo, y si no fuese suficiente, también se encuentra los tutoriales en YouTube de cada tema, en la misma página. http://www.algebra.jcbmat.com/id1077.htm

Baldor se ha hecho eterno en la Internet, no necesariamente por odio sino porque hay quienes perpetuar sus enseñanzas o facilitar la vida a nuevas generaciones.