Noelia Pace en Ecuador: habla con muertos, ayuda en duelos y busca desaparecidos
La médium se comunica desde niña con fallecidos. Sus habilidades le permiten ayudar a buscar a personas desaparecidas, pero todo tiene un precio: su vida

Noelia realiza sesiones en vivo en teatros.
Noelia Pace tenía 6 años cuando tuvo su primer contacto con un muerto. No era alguien que hubiera conocido en vida, sino un familiar que falleció antes de que ella naciera.
Ese episodio, dice la médium argentina, no quedó como una experiencia aislada. Con el tiempo, lo que empezó como una percepción puntual se transformó en una forma permanente de vincularse con lo que ella llama “el otro plano”.
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Cuando comenzó a hablar de lo que veía y escuchaba, su familia buscó primero una explicación médica. Su madre la llevó a especialistas para descartar problemas neurológicos, emocionales o algún trauma, pero no encontraron ninguna alteración.
Ese proceso fue decisivo. Mientras su madre optó por acompañarla, su padre prefirió mantenerse al margen. En medio de esas dos posturas, Pace creció intentando entender una experiencia que, asegura, nunca dejó de ocurrir.
Hablar con muertos y buscar a los vivos
Sus habilidades no se limitan a la comunicación con personas fallecidas. Pace, quien el 21 de marzo se presentó sus sesiones en el Teatro San Gabriel de Quito, también sostiene que puede rastrear a personas desaparecidas o en estado crítico.
Según explica, lo hace a través de lo que denomina “desprendimiento”, una práctica en la que —dice— su espíritu se separa del cuerpo y se traslada a otros lugares.
Afirma que ha acompañado a familias en busca de respuestas sobre seres queridos desaparecidos e incluso que ha colaborado en procesos vinculados a este tipo de casos.

En los shows en vivo se conecta, según explica, con seres que no están en este plano.
Ayuda con el duelo
Más allá de la mediumnidad, una parte importante de su trabajo gira en torno al duelo. Para Pace, muchas personas llegan sin identificar que una pérdida sigue afectando su vida diaria.
Habla de tristeza persistente, bloqueos, dificultad para trabajar, deterioro en los vínculos y sensación de estancamiento. “La muerte no es el fin… es una transformación”, plantea.
Desde esa idea, su trabajo se enfoca en ayudar a quienes no han logrado procesar la ausencia de alguien cercano.
Un oficio de riesgo
Uno de los aspectos más extremos de su historia es el costo físico que tiene cada conexión. La médium asegura que abrir y sostener ese vínculo requiere un control energético total y que, si ese proceso falla, su vida podría estar en riesgo. “Si no puedo dominar mi campo energético, corro el riesgo de morirme”.
Ahora vive con la idea de que cada episodio tiene un precio. “Un minuto de conexión es un minuto menos de vida terrenal”, explica. Por eso, prefiere no calcular cuánta vida le está costando ser médium.
Lo más duro: la violencia
No todas las conexiones están relacionadas con el consuelo o el cierre emocional. Algunas, dice, la han desestabilizado por completo.
Recordó una sesión en la que tuvo que transmitir a unos padres la muerte de su hija. También afirmó haber conectado con personas que cometieron crímenes. “Conectas con todo, no solo con gente buena”, sostiene.
Al explicar estos episodios, cuenta que no solo percibe la presencia, sino también fragmentos de lo ocurrido. “Ver cómo dan muerte a otro es impactante”, dice.

La medium asegura que puede comunicarse con personas vivas y fallecidos.
Incluso habla de casos en los que ha percibido tanto a la víctima como al agresor en una misma experiencia.
Su forma de vida
Con los años, buscó herramientas para ordenar lo que le pasaba. Se formó en áreas como tanatología, terapia transpersonal y astrología, pero insiste en que eso no explica el origen de lo que vive. “La mediumnidad no se estudia. Eso se tiene o no se tiene”, espeta.
Para ella, no se trata de una habilidad que se activa a voluntad, sino de una condición constante. “No trabajo de médium, yo soy”.
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