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Buena Vida

Shushi: un legado de amor en la vida del exluchador ecuatoriano Hugo Savinovich

Es su tercera guacamaya, pero a diferencia de las demás, ella es como su hija, incluso lo llama papá y le da besos. El ave de 23 años es todo para él

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El comentarista de lucha libre reside en Estados Unidos y es conocido como "Atángana".Cortesía

Hugo Savinovich la recuerda pequeña y desplumada. Ese aspecto de pajarito de caricatura hizo que aflorara en el exluchador un profundo sentimiento de ternura.

 Su esposa Diana nombró a la guacamaya, Shushi. Llegó al hogar, hace 23 años, como un regalo de reconciliación. Una noche, el excomentarista de lucha libre en la WWE (World Wrestling Entertainment), escuchó un ruido que venía de la planta baja. Era Shushi que se movía dentro de una pequeña jaula. Diana, ‘La Rubia’ la había elegido entre tantas otras “por su cara de bobita”, bromea ahora Savinovich, envuelto en la nostalgia.

Aunque al principio a Diana no le gustaba mucho la idea de tener una mascota tan exótica en casa, terminó por convertirse en la madre adoptiva de Shushi. El ave la amaba tanto que no logra superar la muerte de ‘La Rubia’ en noviembre del año pasado. Hugo tampoco lo ha hecho, especialmente ahora que debe cuidar a la mascota sin su amada. “Esta niña sabe que su mamá no volverá”, lamenta el exluchador ecuatoriano.

Aunque su apellido tenga origen yugoslavo, checoslovaco y hasta ruso, Savinovich creció en una casa esquinera entre las calles Capitán Nájera y la Novena, en Guayaquil. “Era un área un poco peligrosa, pero muy bonita. Ahí empezó mi sueño de ser luchador. Tenía cinco años cuando vi una pelea del enmascarado de plata (El Santo)”, narra Hugo, de 61 años.

Allí también nació su amor por los animales. Trece perros de todos los colores y razas cuidaban la propiedad familiar, en la que el tío de Savinovich, tenía un taller de camas. “Cuando estaba en problemas esos perros se ponía como escudo para defenderme. Yo los alimentaba”, cuenta el también productor de eventos de lucha libre, reconocido en Estados Unidos, país al que llegó cuando tenía 10 años.

“Esta niña sabe que su mamá no volverá",
​Hugo Savinovich

Se estableció en el Bronx y con el tiempo, se convirtió en un exitoso luchador. Cuando se casó por primera vez con Wendi Richter, tuvo a su primera guacamaya. “Un día Wendi me dijo: yo siempre quise tener un ave y yo le contesté: bueno pues ahora es tu momento”, relata.

Cuando Goldie llegó a la vida del comentarista, él no tenía idea de qué se debía hacer con un guacamayo. Sin embargo, la dócil mascota tardó poco en adaptarse al hogar de la pareja. En el balcón del departamento crearon para ella una especie de jungla con fuentes como si estuviera en el Amazonas.

Tiempo después llegó Jewel, un macho de colores hermosos. Nunca había visto nada igual. Sin embargo, las “palabrotas” del ave lo alejaron de la custodia de Hugo cuando se divorció. “Yo vivía en un octavo piso, frente a una iglesia, pero sus insultos podían cruzar la autopista y escucharse hasta ese lugar... Jewel los decía en inglés y en español. Mi suegra pensaba que yo se los había enseñado”, precisa.

Shushi, una herramienta de Dios

Pese a las pérdidas que ha sufrido su fe en Cristo lo mantiene fuerte. No niega que existen momentos en los que se quiebra, como esta semana en la que su esposa hubiera celebrado un año más de vida. “Voy donde la psicóloga para combatir la depresión. No solo quiero sobrevivir, quiero vivir nuevamente que no es lo mismo”. Sus hijos Jovannie, Genaro y Shushi lo mantienen cuerdo, especialmente la guacamaya, que le lanza besos volados cada vez que lo ve pasar.

Hugo y esposa
Hugo quedó viudo hace 10 meses. Aquí junto a su esposa rodeados de guacamayos.Cortesía

La primera vez que Hugo la escuchó llamarlo papá había terminado un evento. “Entro y lo primero que oigo en la oscuridad es un papá. Suelto mi maleta y le doy un beso a Shushi”, precisa.

Hoy cuando la escucha llamarlo así o hacer un sonido semejante al estornudo humano para que Hugo le diga salud, lo colma de amor profundo. Sabe que ella es la herramienta elegida por Dios para enseñarle a ser fuerte pese a las adversidades.

Tras la muerte de su compañera de vida, el comentarista deportivo debió mudarse a la casa de sus hermanas Ángela y Lola. Son ellas quienes ahora se encargan del cuidado de Shushi. La miman y la alimentan cinco veces al día, incluso la sacan a dar un paseo.

Un veterinario también asiste regularmente para revisar su estado de salud y cortar las uñas del animalito.

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  • Atángana para Cristo
Cuando era solo un muchacho, Savinovich debutó en la lucha libre. Era uno de los más jóvenes y lo conocían como la ‘Pantera ecuatoriana’ o ‘Baby Face’. Si corta edad era lo de menos, su fuerza y habilidad eran indiscutibles. Un día, uno de sus consejeros le dijo que se convertiría en un famoso locutor y comentarista y que la palabra Atángana sería su marca personal.
 Esa especie de profecía se cumplió años más tarde. Incluso Hugo le ha dado ahora un mensaje de salvación. Hace más de veinte años, la vida del exluchador era un caos, plagado de mujeres, droga y escándalos. “Gastaba 2.500 dólares en cocaína a la semana”.
Las conductas de Savinovich lo llevaron a la cárcel. “Ahí Dios se me presentó. Nadie confiaba en mi, pero logré recuperar mi trabajo y a mi esposa. Ahora, lleva 14 años como pastor de una iglesia y 8 como apostol. Con sus testimonio ha logrado enderezar la vida de muchos jóvenes.
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