Deportes
Payaso surfista, un mar de risas
Desde los 10 años está sobre una tabla. hace 13, por un accidente, se convirtió en un profesional de la risa. Tiene tres oficios y es licenciado en administración de empresas.

Gavetín se va a surfear hasta vestido y pintado como payaso.
Cuando el deportista, Luis Rodríguez, se metió por primera vez al mar alquiló un salvavidas. Le tenía pánico al agua.
Estuvo cerca de morir. Entonces, tenía apenas 10 años y su sueño, contradictoriamente, era ser surfista. No tenía tabla, pero anhelaba subirse a una de esas que tenían las personas mayores.
Luis Miguel Rodríguez Lima es un licenciado en administración de empresas que es todo un personaje en Anconcito, Santa Elena. Tiene tres profesiones: Es payaso, surfista pero, sobre todo, es emprendedor.
Tiene 31 años y hace 20 comenzó su coqueteo con las olas. Anhelaba tanto estar en el mar y surfear que no le importaron para nada los problemas que tendría con sus padres por practicar este deporte riesgoso.
Sobre las olas
Como deportista ha conocido varias playas y ha hecho amigos en el país y en el extranjero.
“Ser surfista es un estilo de vida, es algo que uno lo lleva en la sangre. Es una sensación única. Cuando no hay olas o no vengo a la playa me siento mal. Tengo que sentir las olas en mi cara para poder estar tranquilo”, expresa.
Todo comenzó cuando un turista de Estados Unidos le regaló una tabla. A partir de ese momento se inició como un aventurero del mar.
“A mis padres no les gustaba que aprendiera a surfear, me decían que era peligroso, pero esa adrenalina que te da el mar me gustaba sentirla”, manifiesta Rodríguez.
Payaso-surfista
Convertirse en el payaso-surfista le llegó hace trece años. En realidad, como experto en esta disciplina deportiva era un tipo serio que solo reía cuando las olas llegaban. No nació con ese don de ser payaso. La vida se lo trajo con el pasar del tiempo.
Todo surgió hace años, cuando Luis Miguel estaba en Salinas. Con un amigo se le ocurrió la idea de convertirse en payasos para atraer a los adultos a través de sus hijos. Era un asunto de política. Apoyaba a un candidato.
Este perdió. Su carrera de sacar sonrisas a la gente se esfumó temporalmente, también.
Pero un personaje muy conocido en el ámbito de la risa, llamado Comesolito, le regaló un traje de payaso.
En Anconcito muchos sabían que Rodríguez tenía esa chispa para ser payaso, pero no ejercía el oficio.
Un día llegó hasta su casa una señora que no tenía dinero para contratar un payaso profesional y le propuso el ‘negocio’ que le cambiaría la vida. Le ofrecía cinco dólares a cambio de que Luis vistiera un traje de payaso para la foto de la matiné. No lo dudó y lo hizo.
Acudió al evento y las gráficas fueron por montones. Claro que al improvisar una que otra ocurrencia notó que la gente no se reía para nada, además era su debut solo por dinero.
Pasaron los días y aquellos cinco dólares que se ganó le abrieron su futuro como payaso profesional.
“Les voy a confesar algo. Llegué a la fiesta y no sabía cómo pintarme de payaso, al extremo de que los chicos se asustaban viéndome. La plena que estaba feo. Parecía el payaso de una película de terror. Pero esto fue el comienzo para hacer las cosas bien. Luego me hice un experto en hacer reír a la gente” afirma Luis.
La noticia de que se había disfrazado de payaso se regó como pólvora en el lugar y se vino lo mejor. Una señora enseguida lo contrató. Esta vez le pagaban 20 dólares para que animara una fiesta. Rodríguez tomó en serio este trabajo porque le representaba más plata. Además, se puso a ensayar todas las payasadas que podía decir. Había nacido el payaso Torombolo. Con el pasar de los meses se dio cuenta que ese nombre era muy grotesco. Así surgió Gavetín. Apelativo con el que surca las olas y lo lanzó a la fama.
Payaso Gavetín
Pasar de Luis a Torombolo no fue un cambio bueno. Había que buscar un nombre que tuviera relación con Anconcito, un puerto pesquero. Había que encontrar el apelativo ideal. Se dio cuenta de que las gavetas de plásticos eran algo que todos usaban para llevar los pescados. Ahí estaba lo que buscaba. Se autobautizó como Gavetín, ya han pasado trece años y la gente lo llama así o le dicen el payaso-surfista.
Ahora todo ha cambiado para bien de este personaje, porque de aquella pintada de terror que se hizo, en la actualidad usa un maquillaje que no se sale de la cara con el agua. Hasta como payasito se va a surfear. También anima baby showers, despedidas de solteros y ha dado la vuelta al país con sus ocurrencias. Mientras que las playas de Las Conchas son su lugar ideal para desplazarse en su tabla.
Comenta que cuando sus padres no sabían que surfeaba, unos norteamericanos se lo llevaron hasta Montañita, no les dijo en casa a donde se iba y cuando regresó le dieron una paliza que, dice entre risas, todavía le duele.
Luis o Gavetín está soltero, dice que el amor es algo serio, no ha pensado en casarse todavía porque ama mucho a la tabla de surfear y ser payaso. Pero afirma que en cualquier momento lo llevarán al altar.
“La vida me la gano como payaso, mientras que el surf es un pasatiempo que debo practicarlo todos los días para poder estar bien”, expresa Rodríguez.
Uno de sus sueños en este año es volver a realizar el Festival de la Risa en su querido Anconcito, el cual no lo cambia por nada.