Manabí bajo el agua: El ciclo del olvido que condena a las comunidades cada invierno
A un año de las pérdidas de 2025, los habitantes de Las Mercedes, San Clemente y Bolívar denuncian que la prevención sigue siendo una promesa "en trámite"

Las calles inundadas representan el principal obstáculo para la movilidad de peatones y automóviles.
El agua llegó sin aviso. Cubrió la vía principal, se metió en las casas y dejó al pueblo incomunicado. Cuando el río Guineal se desbordó en Las Mercedes, en el cantón manabita 24 de mayo, Duval García (57) ya tenía su camioneta convertida en ambulancia improvisada.
“Se dañó todo el plátano, el agua subió a dos metros”, recuerda sobre aquel sábado de mayo pasado. Nadie pudo escapar: ni profesores, ni alumnos, ni enfermos. Las calles se borraron bajo el lodo, y el silencio solo se quebraba con el rugido de los motores de quienes intentaban socorrer.
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Duval usó su vehículo, uno de los pocos del pueblo, para evacuar a adultas mayores y personas con discapacidad atrapadas en sus viviendas. El Cuerpo de Bomberos llegó con motosierras, cabos y salvavidas. De otras autoridades, asegura, no vio rastro.
Hoy habla con preocupación desde un territorio donde las reses caminan por las vías, las cercas resguardan ganado blanco, negro y café, y el campo sostiene la vida. En Las Mercedes, el río no solo dejó agua y barro: dejó la certeza de que, cuando se desborda, el pueblo se salva casi solo.
Esa misma realidad se repite en sectores turísticos de Ayampe y San Clemente, donde las inundaciones no solo afectan a las familias, sino también al turismo y a las tortugas marinas que llega a estas costas para dejar sus huevos sobre la arena.
Pérdidas que se repiten, prevención que no llega
Las inundaciones en Manabí causaron pérdidas estimadas en 190.000 dólares en 2025. Líderes comunitarios y turísticos expresan su preocupación ante la falta de atención por parte de la Prefectura de Manabí y de los municipios. Desde la academia, las alertas son claras: sin prevención, el daño seguirá repitiéndose.
María del Pilar Cornejo, directora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción del Riesgo de Desastres (CIP-RRD), de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), le explicó a EXTRA que el impacto del invierno en la provincia no es un hecho aislado.

El ingreso del agua a los subcentros de salud ha provocado daños en los equipos médicos.
Según detalló, en los fenómenos de El Niño de 1988 y 1997-1998 las pérdidas nacionales ascendieron a $30.000 millones; en 2008, a $5.000 millones; en 2015 y 2016, a unos $6 millones; y en 2025, a $190.000.
“Si se elabora un registro histórico con imágenes desde 1982, 1983, 1986, 1987, 1997 y 1998, hasta febrero de 2024, se observa que los procesos de inundación son recurrentes”, explica Cornejo. La experta advierte que existe alta exposición en zonas bajas y una vulnerabilidad persistente que obliga a replantear las obras y decisiones territoriales.
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El cambio climático, añade, intensifica la frecuencia de fenómenos como El Niño y La Niña. “Hay una serie de ríos que, durante la estación de menor caudal, mantienen niveles bajos, pero que en la estación lluviosa incrementan considerablemente su caudal. A veces ocurre que, durante varias temporadas, los ríos no crecen mucho y la gente empieza a asentarse cerca de sus orillas. Ahí comienza el primer problema”.
Cornejo señala que la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) cuenta con bases de datos que permiten identificar zonas de alta recurrencia de inundaciones. Por ello, insiste en que prefecturas y municipios deben incorporar estos mapas en sus Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial, de cumplimiento obligatorio.
Un puente caído y un turismo en pausa
En el cantón Sucre, la amenaza no es solo el río, sino el aislamiento. Un vehículo rojo, esquivando las primeras lluvias de enero de 2026, activa en Leidi Valencia los recuerdos del invierno pasado. Ella preside la Asociación de Servidores Turísticos Virgen de Guadalupe San Jacinto.

Los medicamentos, indispensables en estas emergencias, también han estado en riesgo.
“No hay conectividad entre San Alejo y San Clemente. El puente está caído desde hace un año y no creo que lo arreglen”, reporta. En 2025, más de cien familias resultaron afectadas.
“Las autoridades aparecen cuando ocurre el desastre, pero luego no vuelven”, reclama. Según Valencia, la respuesta institucional siempre llega tarde. “Esperan que llegue el invierno para actuar. Recién entonces los municipios, la Prefectura y los Gobiernos Autónomos Descentralizados contratan maquinaria. Antes dicen que no hay presupuesto. Cuando ocurre el siniestro, aparecen los recursos. No hay planificación”.
Ante la ausencia estatal, la comunidad se organiza. Vecinos y operadores turísticos retiran cada año los troncos y desechos que arrastran los ríos hacia las playas. “Estamos en la desembocadura del río Portoviejo. Cuando se desborda, todo llega aquí. Contratamos maquinaria para limpiar puntos estratégicos y no afectar la anidación de tortugas marinas. No dependemos de autoridades; lo hacemos para poder atender a los turistas”.
Ríos sin limpiar, promesas en trámite
La espera se repite en San Miguel de Sarampión, en el cantón Bolívar. Allí, el río Carrizal se desbordó en 2025 y dejó daños en el subcentro de salud.
“Necesitamos de manera prioritaria el desazolve y la limpieza del estero, que es nuestra principal fuente hídrica y representa un alto riesgo en época invernal. También se requiere intervenir varias vertientes que aumentan su caudal durante las lluvias y provocan el taponamiento de alcantarillas”, sostiene Alejandra Vera, presidenta de la comuna.
Asegura que, pese a la solicitud formal que realizaron, la Prefectura no ha dado una respuesta definitiva. Hubo inspección técnica hasta abril último, pero ninguna obra. El invierno pasado dejó animales perdidos y familias obligadas a abandonar sus hogares.
En Salango, la teniente política Kerly Plúa recuerda que Las Cabañas, del cantón Puerto López, fue el sector más golpeado por las lluvias. “Actualmente estamos enfocados en la situación de seguridad del cantón Puerto López, por lo que algunas reuniones se han postergado. Hemos coordinado con la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR). Nos reuniremos vía Zoom y, posteriormente, definiremos las acciones a seguir. No tengo aún información concreta ni conozco cuál ha sido la respuesta de las autoridades competentes”.
EXTRA solicitó información a la Prefectura de Manabí y a la SNGR, pero hasta el cierre de esta edición no se concretaron entrevistas.
Según el presupuesto institucional, en 2024 se ejecutó el 78,7 % de los recursos destinados a la Dirección de Ambiente y Riesgos. Para 2025, el rubro asignado asciende a 2,5 millones de dólares.
Cuando se presentan las lluvias, en estos territorios algunas personas no duermen. El miedo se instala antes que el agua. En Manabí, el invierno no es solo una estación; es un recuerdo colectivo que vuelve cada año, esperando que esta vez, al fin, la prevención llegue antes que el desborde de las aguas.