La casa de los 100 perros que divide a Lomas de Urdesa en Guayaquil
Moradores denuncian ruido y malos olores por una vivienda con mascotas, mientras la propietaria asegura que la ley la ampara

Este mensaje escrito en el muro es uno de los ‘recaditos’ que ha recibido la dueña de casa donde viven los perros. Incluso han amenazado su integridad y la de sus familiares.
Son las 05:10 de un sábado en Lomas de Urdesa, al norte de Guayaquil, cuando un centenar de perros de una casa del sector ladran y aúllan unos minutos. Para los vecinos más cercanos, esos instantes les parecen eternos y se remueven en sus camas, enojados. Otros se han acostumbrado. Y también hay varios a los que, más que la bulla, les preocupa el bienestar de esos animales y se preguntan si pasan hambre o están enfermos.
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Son las diferentes caras de un conflicto entre vecinos que lleva algunos años sin resolverse e incluso ha llegado a instancias judiciales, en un intercambio de suposiciones, reclamos y propuestas de conciliación que no han llegado a buen puerto.
Podría parecer un ejemplo más de lo complicada que es la convivencia entre vecinos. Pero si se amplía la mirada se verá que es parte de un fenómeno social mayor: el creciente protagonismo que han ganando los animales de compañía en la legislación, que ahora los considera sujetos de derecho, en un cambio de paradigma que resulta desconocido para la mayoría de ecuatorianos.
“Fuera de aquí”
En la parte posterior de la vivienda donde vive el centenar de perros se lee la frase “Fuera de aquí, queremos descanso”, escrita con pintura negra por los vecinos molestos como una forma de marcar presión.
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Hay quienes sostienen que los canes viven en condiciones de hacinamiento, sin la alimentación ni el cuidado respectivos. Y que sus constantes alaridos y aullidos son una evidencia del malestar que sufren.

Dentro de la casa, los animales cuentan con un espacio de más de 1.500 metros cuadrados.
Con la ley de su lado
No obstante, el abogado Jacobo Quintero-Touma, representante legal de la dueña de dicho domicilio, refuta esas acusaciones.
“La Ordenanza que Regula la Protección, Tenencia y Control de la Fauna Urbana en Guayaquil (de 2023) dice que una persona puede tener los animales que pueda mantener con su dinero, dándoles un nivel de vida decente en un lugar digno para que se desarrollen. Todo eso lo cumple mi defendida. Nadie puede decirle cuántas mascotas puede tener en su casa”, asevera.
Quintero-Touma sostiene que su defendida está cubriendo una necesidad que debería ser atendida por las autoridades, en un contexto de déficit de refugios para animales a nivel nacional.
“Los animales de mi clienta son atendidos por un equipo de seis a siete personas. Los perros hacen rehabilitación en la piscina. Mi clienta ha traído hasta veterinarios de otros países. Tienen mejor vida que muchas personas y lo digo con todo respeto”.
Y ratifica que los canes no salen a la calle a hacer sus necesidades, ni existen denuncias porque hayan atacado a alguien.
El enfrentamiento legal
En su momento, vecinos presentaron una denuncia con el alegato de que allí funcionaba un hotel de perros, lo cual fue desmentido. Después se planteó un proceso ante la Junta Cantonal de Protección Integral de Derechos de Guayaquil, porque el ruido generaba una presunta afectación a un menor de edad, reclamo que tampoco prosperó.
Las partes en conflicto tuvieron una reunión en la Dirección de Protección Animal del Municipio, en octubre del año pasado. La dueña de los perros manifestó que no puede matar a los animales ni cortarles las cuerdas vocales, como propusieron los vecinos. Y que por el momento no podía mudar de casa a todos los perritos, ni tirarlos a la calle.

Hay algunos canes con problemas de movilidad, que son atendidos según sus necesidades.
Por ello propuso que la comunidad la ayude a encontrar un nuevo hogar para los canes. Pero los denunciantes argumentaron que no es su problema. Otra opción que se planteó fue insonorizar la casa, algo inviable por su tamaño y estructura interna. La siguiente cita para tratar de llegar a un acuerdo legal será en marzo.
Reacción de apoyo a los canes
Lo que inicialmente se proyectó como una queja en los medios contra la presencia de los perros, tuvo un efecto inesperado, pues alumnos de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Ecotec visitaron la casa para revisar a los canes, en una acción que estuvo a cargo del doctor Luis Vera Rosales, director del refugio El Gran Roque.
“Conozco a la dueña de la casa. Ella les da una segunda oportunidad a perritos con discapacidad, ciegos, que han perdido un ojito, una patita, o perritos mayores. Todo sale de su propio dinero, ni siquiera pide donaciones. Por eso me molesta la actitud de los vecinos”, comentó Vera, quien espera que las palabras de aliento a su labor que han recibido en redes sociales, se traduzcan en apoyos concretos, para que al menos una parte de los canes hallen nuevo hogar.