...Antes, a nadie se le ocurría comprar el “año viejo...”

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...Antes, a nadie se le ocurría comprar el “año viejo...”

ADEMÁS DE DESEAR a los lectores un feliz año nuevo 2018, aprovechamos el feriado de hoy, para recordar los “años viejos” de otras épocas, con costumbres distintas a las de las décadas últimas. A nadie se le ocurría comprar el muñeco, que era elaborado en casa, generalmente por los hijos mayores aprovechando alguna vieja pijama del jefe de familia. Al “viejo” se lo rellenaba con aserrín, periódicos inservibles o viruta que nos obsequiaba algún carpintero conocido. Lo único que se compraba era la careta, que vendían en la tienda de la esquina y que muchas veces representaba a alguna figura repudiada de la época. A mediados del siglo pasado, o unos años antes, en plena Segunda Guerra Mundial, abundaban las caretas del dictador alemán Adolfo Hitler, del emperador japonés Hirohito o del Duce italiano Mussolini, pues el Ecuador estaba con los aliados encabezados por EE. UU.

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LOS JÓVENES DE entonces salían a las calles a pedir, entonando, “una caridad para el año viejo”... Los transeúntes del barrio nos obsequiaban monedas que iban a un tarrito que portaba el más tranquilo del grupo. Antes de la medianoche se quemaba el monigote y, cuando estaba en llamas, había que saltarlo para tener un “buen año”, cuando eran las 11 y media de la noche, o antes, nos íbamos a nuestros domicilios para estar presentes cuando el reloj marcaría las doce de la noche, en que se intercambiaban abrazos y besos entre parientes y amigos. ¡Eran otros tiempos!...