Editorial: El crimen ya juega en la cancha
Si el Estado y las autoridades no reaccionan ya, el fútbol ecuatoriano perderá por ‘goleada’ un espacio de entretenimiento de la sociedad
El fútbol ecuatoriano está tocando fondo —si es que ya no está enterrado— por las constantes embarradas que manchan al balón, ese mismo que debería generar alegrías y tristezas entre hinchas. Hoy, en cambio, es el reflejo de una realidad contaminada por la infiltración de estructuras criminales que han atentado contra la vida de jugadores, amenazado a dirigentes, lavado activos y convertido las apuestas ilegales en un negocio que tuerce resultados y destruye la credibilidad del deporte.
Cuando la pasión se desborda, también lo hacen los intereses oscuros de delincuentes disfrazados de hinchas. El fútbol se ve entonces sacudido por escenas que rozan lo macabro, como el monigote colgado de un paso a desnivel en el sur de Guayaquil, acompañados de amenazas dirigidas al principal directivo de Emelec, que atraviesa una profunda crisis institucional. No es una expresión exagerada de fanatismo, es un mensaje violento y directo.
Este hecho no puede quedar reducido a una anécdota más, como ha ocurrido con los ataques a jugadores de Segunda Categoría o con las reiteradas denuncias de amaños de partidos, un delito que ni siquiera está tipificado en Ecuador. Si el Estado y las autoridades no reaccionan ya, el fútbol ecuatoriano perderá por ‘goleada’ un espacio de entretenimiento de la sociedad.