Editorial: Cuando la familia no controla
Mirar a otro lado, justificar lo injustificable o celebrar dinero fácil solo alimenta un círculo que, inevitablemente, termina cobrando factura
El rol de los padres en el control y acompañamiento de las actividades de sus hijos ha quedado relegado frente a las aspiraciones desmedidas, el lujo fácil y el poder mal habido. Hoy, esa vigilancia básica —que muchos tildan de anticuada o ridícula— sigue siendo el primer filtro moral: la alerta casera que permite detectar cuando un familiar anda en cosas chuecas y advertir que ese camino, tarde o temprano, traerá consecuencias peligrosas.
La descomposición social que vive Ecuador se ha convertido en tierra fértil para la narcocultura, que suma devotos y se normaliza bajo el pretexto de “querer encajar” en ciertas esferas sociales. Viajes ostentosos, dinero sin explicación, carros de alta gama, contratos oscuros con el Estado y una vida de lujos exhibida sin pudor en redes sociales se presentan como sinónimo de éxito, cuando en realidad muchas veces esconden delitos y violencia.
Si las autoridades de control avanzan con lentitud —ya sea por inoperancia o conveniencia—, los valores dentro del hogar y del entorno familiar deben prevalecer. Mirar a otro lado, justificar lo injustificable o celebrar dinero fácil solo alimenta un círculo que, inevitablemente, termina cobrando factura.