Editorial: La ternura del villancico

Exclusivo
Opinión

Editorial: La ternura del villancico

Probablemente El villancico recoge más auténtica y dulcemente el espíritu que se emana el nacimiento de Jesús de Nazareth, el Dios de miles de millones de cristianos que nació como el más pobre y desolado de los seres y terminó redimiendo al género hu

Probablemente El villancico recoge más auténtica y dulcemente el espíritu que se emana el nacimiento de Jesús de Nazareth, el Dios de miles de millones de cristianos que nació como el más pobre y desolado de los seres y terminó redimiendo al género humano.

El villancico, en sus letras y en su música, es tan tierno y dulce que se presta para el canto o para el coro con igual cadencia y ritmo y, desde luego, con la expresión de sus letras, un poema de amor.

Todo el proceso del nacimiento de Jesús está lleno de alegorías, de símbolos y de profecías. Los pastorcillos despiertan de un profundo sueño y dice el villancico que le van llevando al Niño Dios canciones y flores. Desde la ignota lejanía de Oriente cabalgan tres Reyes Magos que recibieron el anuncio del nacimiento del Niño extraordinario y, guiados por la estrella de Belén, le llevan oro, incienso y mirra.

Durante la novena que los católicos siguen por la Navidad, además de las plegarias llenas de unción, se cantan villancicos con el tierno sentimiento de los feligreses. El nacimiento de Jesús es el comienzo de una larga era, la del cristianismo, que ya tiene más de dos mil años de plena vigencia.