Opinión
Editorial: Que se acaben los malos olores
Viven prácticamente enclaustrados en sus casas para escapar de los malos olores que emanan de las lagunas de oxidación, ubicadas en la autopista Narcisa de Jesús, en el norte de Guayaquil.
Viven prácticamente enclaustrados en sus casas para escapar de los malos olores que emanan de las lagunas de oxidación, ubicadas en la autopista Narcisa de Jesús, en el norte de Guayaquil.
Son decenas de familias de Guayacanes, Brisas del Río, Sauces, urbanizaciones de La Puntilla y otras del norte que merecen tener una vida digna, sin olores nauseabundos provocados por la saturación del alcantarillado.
Por eso, es urgente que se concreten los ofrecimientos de Interagua, que trabaja ya en un plan para reducir considerablemente la contaminación ambiental en esos sectores.
Sin embargo, también es cierto que el crecimiento vertiginoso del Puerto Principal ha colaborado para que las plantas de tratamiento no se den abasto con los desechos, poniendo en riesgo la salud de miles de personas que se ven obligadas a cerrar puertas y ventanas para luchar contra los problemas psicológicos generados por respirar el aire pestilente, como el estrés y la ansiedad.
Guayaquil merece que sus instituciones estén a la altura de su desarrollo, planificando día a día el futuro urbanístico en beneficio de la colectividad. Es urgente que los efectos del retraso institucional queden solo en un penoso recuerdo.