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Opinión

Pilas con las promesas

Ya estamos en el octavo mes de un año complicadísimo y los ecuatorianos necesitamos buenas nuevas para no perder la esperanza

Se acabó julio, el mes del guayaquileñísmo, en el que su gente emprendedora y luchadora disfrutó entre restricciones y medidas de bioseguridad por la COVID-19, de las fiestas, de una manera más reservada, sin conciertos ni bailes callejeros.

Se podría decir que las cosas han cambiado en comparación a un par de años, cuando el pueblo esperaba la rumba en las esquinas de los barrios populares, ahora se deben conformar con un discurso sobrio y protocolario de parte de las autoridades locales y gubernamentales. La esperanza se mantiene y el pueblo no claudica en su lucha por superar esta adversidad invisible que se ha llevado a mucha gente cercana.

El presidente Guillermo Lasso ha prometido seguir con el plan de vacunación y garantiza inmunizar no solo a Guayaquil, sino a todo Ecuador, incluido los visitantes de otros países. Indicó que devolvería el IVA a los municipios y prefecturas evitando el manoseo de esos recursos. También se comprometió a construir el quinto puente sobre el río Guayas que sería el más grande con 3,5 kilómetros de distancia y conectaría a la zona del puerto marítimo de Guayaquil con Durán, Puerto Inca y Naranjal.

Todo bonito, pero la Perla del Pacífico también pide a gritos mayor seguridad, eliminar a las organizaciones criminales que han terminado por encerrar en sus casas a los guayaquileños, presos del temor por tantos sicariatos.

Que Julio no se lleve las promesas ofrecidas por nuestros gobernantes. Ya estamos en el octavo mes de un año complicadísimo y los ecuatorianos necesitamos buenas nuevas para no perder la esperanza.