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Diario Extra Ecuador

'Las muñecas de la mafia': así operan los narcos para reclutar mujeres en Ecuador

Especialistas alertan que la vinculación de mujeres con el crimen organizado responde a vacíos emocionales y a la cultura del dinero ilícito que a la pobreza

Bares y discotecas se han convertido en puntos clave para el reclutamiento de mujeres por parte del crimen organizado.

Bares y discotecas se han convertido en puntos clave para el reclutamiento de mujeres por parte del crimen organizado.EXTRA

Anny Bazán

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Una fiesta privada, un bar exclusivo o una discoteca se han convertido en escenarios recurrentes para ‘endulzar’ a jóvenes de cualquier edad y estrato social. En estos espacios, cabecillas e integrantes de estructuras criminales despliegan estrategias de seducción sustentadas en el lujo, el poder y la promesa de estatus, atrayendo a mujeres hacia el mundo del crimen organizado.

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Una fuente que frecuenta estos lugares reveló a EXTRA que, en Guayas, existen sitios de diversión en Samborondón donde coinciden mujeres y narcotraficantes. “Se ven vehículos de gama alta, algunos sin placas, y chicas que se suben a ellos”, comentó.

En los últimos días, expresiones como ‘las muñecas de la mafia’ o ‘narcobabys’ han ganado resonancia en Ecuador tras el asesinato de Stalin Rolando Olivero Vargas, alias Marino, señalado como presunto cabecilla de la organización criminal Los Lagartos. Se conoció que la hija de un exjugador y presentador de televisión fallecido habría mantenido una relación sentimental con él y, tras su muerte, sus vínculos con el crimen organizado han salido a la luz.

El caso reavivó el debate público sobre el rol que desempeñan algunas mujeres dentro de estas estructuras y los mecanismos de poder, influencia y seducción que rodean al narcotráfico.

A este escenario se suma la reciente difusión de imágenes y conversaciones de Leandro Norero, líder criminal asesinado, posando junto a figuras de la farándula y la política. Entre ellas consta María Fernanda Vargas, alcaldesa de Simón Bolívar, quien mantenía videollamadas de carácter íntimo con Norero; ambos son mencionados en el caso Metástasis. Estos hechos evidencian cómo el entramado del narco logra vincular a jóvenes mujeres a sus redes, normalizando su presencia en espacios de alta visibilidad social.

La Policía allanó tres casas en Samborondón.

La Policía allanó tres casas en Samborondón.Cortesia

Mecanismos de captación

La perfiladora criminal Ana Minga advierte que el reclutamiento de mujeres por parte de organizaciones mafiosas ha experimentado cambios sustanciales en los últimos años. A diferencia de etapas pasadas, en las que predominaba la necesidad económica como principal factor de ingreso, hoy —según explica— cualquier joven, sin importar su origen social, puede verse atraída por estas estructuras.

“Antes se creía que las mujeres ingresaban por carencias extremas. Hoy el fenómeno es distinto: pertenecer a la mafia otorga estatus, prestigio y una sensación de protección. Los roles cambiaron. En la actualidad, la vinculación con grupos criminales ya no genera un rechazo social inmediato, sino temor y, en ciertos casos, incluso admiración”, sostiene.

Esta transformación en la percepción social ha convertido el ingreso a estas organizaciones en una aspiración no solo para algunas jóvenes, sino también dentro de sus propios entornos familiares. “Ya no se lo percibe como culpa o pecado; ahora se ve como una vía para alcanzar poder y reconocimiento”, explica la experta.

Los espacios de reclutamiento ya no se limitan a bares o discotecas populares. Aunque siguen siendo puntos clave de contacto, Minga identifica procesos de captación en locales exclusivos, zonas de alto poder adquisitivo y a través de aplicaciones y redes de contacto de alto nivel, especialmente en sectores como Samborondón o Puerto Santa Ana.

Desde el punto de vista psicológico, la perfiladora describe a estas jóvenes como personas con profundos vacíos emocionales, muchas veces provenientes de familias disfuncionales y con carencias afectivas desde la infancia. “No es solo un problema de autoestima; son vacíos de madre, de padre, de contención emocional”, afirma. A ello se suma una fuerte necesidad de validación social, rasgos de narcisismo y una marcada aspiración al poder.

El crimen de alias Marino y dos de sus escoltas ocurrió en la isla Mocolí, en Samborondón.

El crimen de alias Marino y dos de sus escoltas ocurrió en la isla Mocolí, en Samborondón.Cortesia

Minga subraya que, en estos casos, las chicas no actúan como sujetos pasivos. Por el contrario, muchas buscan activamente integrarse a estos círculos, establecen contactos estratégicos y toman decisiones conscientes para acercarse a figuras de alto rango dentro del crimen organizado. “No estamos hablando de trata de personas ni de secuestros. Se trata de un nivel jerárquico distinto, de mujeres que saben con quién relacionarse y, en muchos casos, solicitan ser parte”, aclara.

Finalmente, advierte que esta ambición desmedida por el poder y el dinero puede estar asociada a perfiles con rasgos psicopáticos. “La obsesión por alcanzar poder sin considerar las consecuencias suele tener una inclinación hacia la psicopatía”, concluye.

Ecuador repite patrón

El reclutamiento de mujeres por parte del narcotráfico no es un fenómeno nuevo, pero en Ecuador comienza a adquirir características similares a las que vivió Colombia entre las décadas de 1980 y 1990. Así lo advierte Hugo Acero, experto colombiano en seguridad y crimen organizado, quien analiza esta dinámica como parte de una cultura criminal.

Aunque las estructuras delictivas siguen siendo predominantemente masculinas, Acero sostiene que las mujeres cumplen un rol clave dentro del engranaje criminal, muchas veces como resultado de procesos de instrumentalización, seducción económica y explotación. “Así como reclutan niños y adolescentes, también atraen mujeres mediante lujos, regalos y promesas de estabilidad”, explica.

El narco ya no es marginal

Acero enfatiza que el narcotráfico actual no se limita a sectores empobrecidos. Por el contrario, involucra a empresarios, comerciantes y personas de estratos medios y altos, lo que facilita el contacto con mujeres que residen en urbanizaciones privadas y asisten a universidades, clubes sociales y discotecas exclusivas. “No es raro encontrar narcotraficantes viviendo en conjuntos cerrados de alto nivel. Han ascendido socialmente gracias al dinero ilegal y se insertan sin dificultad en esos espacios”, señala.

El fenómeno se ve reforzado por la llamada cultura narco, amplificada por redes sociales, series de televisión y productos audiovisuales que glorifican el dinero fácil, el lujo y el poder. “El narcotráfico no llega solo como una actividad ilegal; llega como una cultura que se difunde y se imita”, advierte Acero.

No obstante, también comienza a emerger una mayor conciencia social sobre los costos reales de este modelo: violencia, muerte, explotación y una profunda erosión del tejido social.

Leandro Norero, alias El Patrón, señalado como financista y operador de bandas criminales en Ecuador.

Leandro Norero, alias El Patrón, señalado como financista y operador de bandas criminales en Ecuador.EXTRA

Ausencia emocional

Desde el ámbito familiar, la psicóloga, orientadora y terapeuta Toyi Espín de Jácome advierte que el reclutamiento de adolescentes y jóvenes, especialmente mujeres, está estrechamente ligado a la falta de recursos económicos y, sobre todo, a la ausencia emocional dentro del núcleo familiar.

La especialista explica que la carencia de afecto, acompañamiento y contención emocional genera vacíos que influyen directamente en la toma de decisiones. A ello se suman la desintegración familiar, la violencia intrafamiliar, el consumo de alcohol o drogas y la pobreza, factores que convierten a los jóvenes en blancos fáciles para las bandas delictivas.

Espín señala que cambios de conducta como el aislamiento, alteraciones del estado de ánimo, uso oculto del celular, agresividad, abandono escolar y la aparición de dinero o bienes sin explicación deben considerarse señales de alerta.

Finalmente, subraya que la comunicación familiar constituye una barrera clave de protección. El diálogo abierto, sin juicios; el refuerzo de límites; la promoción de actividades saludables y la búsqueda de apoyo psicológico pueden reducir el riesgo de captación y fortalecer la resiliencia de niños y adolescentes frente a la influencia del crimen organizado.

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