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Diario Extra Ecuador

Peluche, el perro rescatado que recorre las calles de Quito en un taxi

Pablo Escanta tiene un fiel compañero en sus jornadas como conductor: Peluche. Lo tiene con sus vacunas al día y revisa TikTok para saber cómo educarlo

Pablo confía que con el tiempo, Peluche se vuelva parte de su seguridad en las carreras.

Pablo confía que con el tiempo, Peluche se vuelva parte de su seguridad en las carreras.MATTHEW HERRERA

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Peluche es un perro mestizo de tres meses que hace mes y medio encontró a su dueño en una calle del Carmen Bajo (norte de Quito). Pablo Fernando Escanta tiene 49 años y recuerda que casi lo aplasta, porque lo confundió con una rata.

Como es bien negrito y apenas tiene unas manchas blancas en su cara, esta historia estuvo cerca de ser un infortunado accidente. Por suerte, Pablo dice que el perro “se quedó en media calle, se sentó” y ahí le tocó bajar a ver qué mismo era. Preguntó a los vecinos por si era de alguna casa y todos le dijeron que no. “Me dio pena dejarlo otra vez botado ahí y lo llevé”.

Había dado con su primer animal de compañía, actual copiloto de viajes y futuro guardián ante cualquier mal comportamiento de pasajeros.

Peluche normalmente va en el maletero, pero a veces se cruza a los asientos delanteros.

Peluche normalmente va en el maletero, pero a veces se cruza a los asientos delanteros.MATTHEW HERRERA

A Peluche no le ha tocado actuar hasta ahora, está pequeño y para quienes se suben al carro de Pablo es una sorpresa.

Solo en dos ocasiones hubo usuarios que se asustaron, porque el perro ha ido creciendo y se asoma desde el maletero hacia la parte de adelante a husmear un poco.

Luego del pequeño susto, la reacción usual es de agrado: “¡aaah, un perrito!”. Y así continúan el viaje acariciando a Peluche o haciéndole muecas.

Siempre listo para abordar

La jornada como taxista informal que tiene Pablo es de lunes a domingo, de 06:00 a 22:00, pero los jueves son los días ‘flojos’ por el pico y placa que le toca. Dedica su tiempo completamente a esta actividad a través de dos plataformas.

Cuenta que después de la pandemia le fue difícil encontrar un trabajo estable. Pero Pablo siempre ha sido conductor profesional.

En este sexto año como taxista estrena a su compañero estrella, el Peluche. “Así como lo ve, nunca se separa de mí, pero ya ve que estoy alistándome, ya quiere subir al carro. Se ‘pone pilas’ y comienza a ladrar y ladrar”, comenta.

Y sí, Peluche rodea el carro, a la espera de que le abran la puerta y le ayuden a subir. Aún no está en edad para de un brinco estar arriba, pero cumple a cabalidad su papel de vigilante.

Los 'choros' lo han asutado

De sus años en servicio recorriendo las calles de Quito, cuenta que empezó en el carro de su hermano, hasta que hace dos años se compró uno propio, que todavía está pagando.

La peor experiencia que ha tenido le sucedió el 10 de agosto de 2025. Era feriado, regresaba a su casa y le salió una última carrera. La aceptó, pero los pasajeros resultaron ser ladrones.

Lo abordaron entre tres pillos, que lo botaron por la Mitad del Mundo. “Eran las 04:00, me pude soltar y me regalaron una llamada. Me comuniqué con mis hijas que viven en Manta. Ellas tienen el control del GPS y ahí lo pudieron ubicar”, relata.

Ahora piensa que es cuestión de que el perro crezca y sea visto como un verdadero guardián en las carreras que toma.

“Él como que se da cuenta de la gente que es mala”, asegura el taxista sobre la mascota. “Se puso inquieto, se cruzó para adelante y comenzó a ladrar como loco”, agrega.

Estaba por recoger a un cliente en Zabala, el sector estaba bien oscuro y Pablo canceló la carrera. “Es como una sensación de que él me anticipa algo”.

Peluche: colación y paseos

Pablo hace paradas estratégicas para alimentar a Peluche y pasearlo un poco.

Pablo hace paradas estratégicas para alimentar a Peluche y pasearlo un poco.MATTHEW HERRERA

La jornada para ambos arranca a las 05:30, con el primer paseo matinal de Peluche por el barrio, en el Carmen Bajo. Luego es hora de embarcarse y al perro le toca acomodarse en el maletero junto con su colación: agua y pepas para el camino.

“Pasa tranquilo en el carro. Claro que cuando tiene hambre me doy cuenta o le analizo que quiere hacer pipi”, explica Pablo sobre la dinámica con Peluche. Esas paradas le suelen tomar entre 20 y 30 minutos y les sirven de descanso a los dos.

“Ojalá que nunca tenga ningún tipo de groserías de los clientes, porque no todos aprecian a los animales. Y de cierta manera yo digo: ‘me puede salvar el perrito’”, indica Pablo sobre su fiel acompañante en todo trayecto.

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