Santa Clara: calles con libadores y peleas continuas en Quito
Aunque existen operativos, no son suficientes para la zona. Las veredas se repletan de estudiantes. Los vecinos dicen que esto causa inseguridad en el barrio

De lunes a viernes, el sector se llena de estudiantes que consumen alcohol.
En la intersección de las calles Ulloa y Jerónimo Carrión, en Quito, nunca falta una pelea ambulante. Es más, la última se hizo viral en redes sociales: dos jóvenes que empiezan a discutir, se empujan y uno termina sin chompa y tirado sobre la calzada; alguien más se mete y da por terminado esos quiños.
A esa realidad se han adaptado los vecinos de este céntrico sector de Quito, en el barrio Santa Clara, a unos pasos de la Universidad Central. El lugar está lleno de negocios de shawarma, bares, copiadoras y tiendas varias.
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María, de la zona azul, prefiere no dar su apellido por temor a represalias. Ella es observadora de casi todo lo que en estas calles sucede. “Aquí vienen mafiosos, viene gente fea y se mezclan con los estudiantes”. Dice que por el sector hay mucho “delincuente”.

Entre compañeros hacen 'vaca' para comprar sus bebidas.
María cuenta que lo peor que pueden hacer ahora los jóvenes es quedarse afuera bebiendo “guanchaca con color”.
“Muchos se han encontrado desnudos en el basurero, sin moto, sin billetera, sin celular”, detalla sobre lo inseguro que se vuelve la zona. En su caso, después de las 17:30 prefiere irse a su casa y no dar ‘papaya’ ahí.
Lo que para ella y otros vecinos sucede, es que “los guambras les hacen el juego del gato y del ratón” a la policía.
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Es más, según María, alguien normalmente les anticipa de los operativos a los comercios. “Que mucha gente de los bares ya saben, ya cierran, ya botan, ya están como santicos cuando viene el operativo y no encuentran nada”, afirma.
Leonardo Rivero atiende en un local de shawarma y menciona que siempre es testigo de peleas por las noches. De lo que él ha notado, estos altercados se dan porque “se pasan de cervezas o peleas de chicas o puede ser que ya tengan pleito de otro lado y se topen los dos ya tomados acá”.
Pero de acuerdo con Álvaro Gaibor, quien es otro vecino, antes de la pandemia, los chicos “sí sabían agarrarse a puñetes”; él calcula que eso ahora ha disminuido, pero la afluencia de público que “viene a buscar algo para la sed”, sigue al alza.
El problema según Gaibor es que los jóvenes ya no entran a los bares, sino que se quedan en la vereda libando. “Ahí empieza el juego del gato y del ratón, viene la policía y les dispersa. Se va la policía y vuelta se aglutinan”, relata.
Para Magaly Vera, “no hay sentido en seguir reclamando” sobre este problema, porque se “supone que hay control” y de todas formas, todo sigue igual, “no pasa nada”, lamenta.
Lo cierto es que en cualquier día entre semana, es habitual ver a chicos con bebida en mano y las jabas descargando para suministrar a los negocios.