Unión Lojana: un barrio desatendido en el Carmen Bajo de Quito
Los vecinos de esta barriada cuentan con una casa comunal subutilizada. Ofrecen también hacer mingas para construir nuevos espacios de servicios

En el sector no cuentan con una cancha deportiva cercana para los pequeños y adolescentes.
Este barrio se caracteriza por ser unido y ahora piden más atención en cuanto a los servicios que necesitan como comunidad. Unión Lojana se encuentra en el norte de Quito, es parte del Carmen Bajo y pertenece a la parroquia Llano Chico.
Desde hace 32 años cuentan con una casa comunal que está disponible para la instalación de servicios. Los más urgentes: un centro de salud y una Unidad de Policía Comunitaria (UPC).
La estructura es de dos pisos, cuenta con baños y cocina. Actualmente la planta baja se ocupa para reuniones o velaciones. Mientras que la parte alta se ha cedido para que un vecino dé clases de karate.
Incluso, lo poco que tenían en esta casa les fue deshabilitado. Así lo cuenta Lupe Villa, moradora de la zona. “Se necesita el restablecimiento del Centro Infantil que había antes. Desde la pandemia dejó de funcionar, ya unos seis años. Se llevaron a Llano Chico”.
El presidente de Unión Lojana, Franco Oviedo, recuerda que lo conseguido ha sido gracias al esfuerzo de los compañeros del lugar (que son 145) y de todo el plan de viviendas populares en el Carmen Bajo, que suman 490 miembros.
“La UPC hemos pedido para Llano Chico, pero como Calderón es bastante grande, ellos se llevan todo el presupuesto”, comenta Oviedo, quien dice que las peticiones hechas quedan en el aire.
En el caso de emergencias médicas, les toca acudir al sector colindante de la Quintana, ir hasta el Comité del Pueblo o incluso a Llano Chico. “Lindo fuera tener un centro médico aquí, porque hay que esperar la voluntad ahí, después de una o dos horas”, expresa Victoria Castillo.
Espacios deportivos

Por iniciativa de la comunidad, se ha instalado un espacio para cursos de karate.
De paso, a las canchas de vóley, fútbol y básquet que se encuentran en la parte baja, difícilmente se puede acceder, por lo peligroso que resulta el camino hasta allá.
“Solo bajando le roban. Por ahí es botado, hay gente dedicada al vicio, entonces toca jugar en la calle”, añade Francisco Castillo sobre la nula disponibilidad de espacios recreativos.
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En busca justamente de tener más opciones deportivas y de esparcimiento, Oviedo le concedió el primer piso a Dorian Mendoza, quien a sus 15 años ya capacita a niños y adultos en karate.

En la casa comunal apenas hay sillas arrumadas y dos escritorios vetustos.
Esta iniciativa comenzó en febrero y anhelan que se sumen más opciones de talleres, como de peluquería o arte.
Autogestión de vecinos
Como una solución a esta falta de servicios comunitarios, los vecinos también ofrecen un lote vacío, propiedad del Municipio, donde podría levantarse una UPC o centro de salud.
Ellos están dispuestos a hacer minga, mientras haya la donación de materiales, para dar paso a esta construcción. “Aquí todos colaboramos”, dice María Flores. La otra opción es adaptar la casa comunal y dotarla de los servicios que reclaman.

El final de la calle Malvas no tiene ni pavimentación, cuando es un acceso que podría aprovecharse para el ingreso de más buses.
Como son organizados, especialmente a lo largo de la calle Malvas, antes de la alarma comunitaria del ECU-911, Janeth Paredes instaló una propia que está al servicio de los vecinos.
“Cuando se la toca, salen todos con palos, machetes, con lo que sea”, cuenta sobre esta iniciativa que sí les ha ayudado a combatir la delincuencia.