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'Cuerpeos' independientes 'paniquean'

Las trabajadoras sexuales que laboran por su cuenta proliferan en las redes sociales

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A través de una simulación, Liliana mostró los detalles de su vida como escort, desde que contacta a sus clientes hasta el rato previo a la relación sexual.CHRISTIAN VASCONEZ / EXTRA

Dieciocho minutos antes de su cita del jueves pasado, Liliana llegó a un edificio de puerta angosta en el centro de Guayaquil que conoce de sobra. El golpeteo de sus tacones marcaba el paso de su cadera al subir las escaleras. Iba despacio, como intentando dosificar energías para la hora de ‘camello’ que le esperaba.

Su cliente apareció puntualmente a las 10:30. Ella lo esperó en la recepción de aquel hotel, en el que habitualmente pacta los ‘cuerpeos’ que ofrece por dinero en redes sociales. La mujer escogió un conjunto de ropa interior negro, que combinaba con su oscuro cabello encrespado, para cumplir con los 60 minutos de placer.

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Liliana lleva tres años como sexoservidora independiente. No se dedica de lleno a esa actividad, pero sí tiene unos cuantos ‘cachuelos’ fogosos al mes. Se enrumbó en ese oficio inesperadamente. No lo planeó.

“Me hice conocida porque se filtraron unas fotos mías íntimas con un ex en una página web”, cuenta. La situación la ‘bajoneó’. Sin embargo, un ‘pana’ le sugirió que aprovechara su repentina fama para cobrar por sexo. Ella estaba indecisa, pero luego decidió probar suerte.

“Le dije a mi amigo que me consiga clientes, que me creara una cuenta en Twitter y que yo lo hacía”, recuerda. Como el ‘nego’ resultó ‘pepa’, siguió. En todo este tiempo tuvo épocas en que abandonó y retomó la labor.

El mundo de una escort

Liliana se autodefine como una ‘escort’, al igual que otras chicas en las redes sociales. El término se refiere a una dama de compañía que ofrece servicios sexuales, pero que no ejerce su trabajo en un sitio típico para ello como un ‘chongo’, ni realiza prostitución callejera.

En estos espacios virtuales muchas féminas suben fotos provocativas para promocionarse y colocan sus números para acordar encuentros ‘ardientes’. Generalmente evitan mostrar su rostro y su identidad, pero hay unas cuantas que sí lo hacen.

A Liliana su amigo le entregó una cuenta con 200 seguidores. Ahora tiene 2.000 e incluso realizaba ‘shows’ eróticos virtuales durante el tiempo más ‘fregado’ de la pandemia.

"Es más difícil trabajar independientemente, estamos en el anonimato. Si te matan, simplemente te fuiste de este mundo sin ser nadie”
Liliana, trabajadora sexual

Cada fémina tiene su tarifario. Liliana, por ejemplo, pide $20 por un solo coito; $30 por media hora de relaciones sexuales; $40 por la hora; y $60 si el usuario exige sexo anal. Los valores no incluyen el precio del cuarto. Ella refiere que las mujeres ‘tuneadas’ cobran entre $80 y $100 la hora.

La muchacha, quien tiene apenas 21 años, comenta que si bien en este ámbito las ‘peladas’ ganan bien, asimismo corren riesgos. Y quién mejor que ella para afirmarlo, con dos tremendos sustos a cuestas.

“Una vez estaba en pleno acto sexual y no sé qué le habrá pasado a esa persona, pero me apretó fuerte el cuello, como queriendo ahorcarme. Tuve que gritar y los chicos del motel me oyeron y me ayudaron”, narra.

En otra ocasión, un supuesto cliente terminó asaltándola. Él conducía su vehículo y Liliana iba al lado. El hombre sacó un cuchillo, le arrebató 100 ‘latas’ que ella había ganado ese día y la abandonó. Para su suerte no se le llevó el celular y ella llamó a alguien para que la ayude.

Por tales razones prefiere citar a todos en dicho hotel donde la conocen, para estar protegida. Si le toca un usuario de confianza, sí le permite llevarla a otro hostal.

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Cuando el cliente es de confianza, las trabajadoras sexuales permiten que las recojan y las lleven a cualquier motel.CHRISTIAN VASCONEZ / EXTRA

Dependientes

Daniela es una mujer de 27 años que, a diferencia de Liliana, tiene un jefe. Trabaja para una casa de citas que la promueve en redes sociales y le provee la habitación para trabajar. Allí también vive.

Ella en cambio cobra 60 dólares por la hora de sexo, pero debe entregar el 40% de ese valor ($24) a los propietarios del lugar. Lleva poco más de un mes en esa actividad.

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“El cliente llega, hay varias chicas y él se va con la que le gusta”, comenta. Antes laboraba en una discoteca y luego en una barra. Manifiesta que son cosas distintas entre sí.

“Es distinto porque no estaba acostumbrada a estar con tres o cuatro personas en el día y se hace ‘turro’, pero como vas viendo la plata a cada rato se te va pasando”, confiesa.

Consiguió laborar allí por referencia de una amiga. “Yo trabajaba en Colombia, tenía un trabajo fijo y ganaba buen dinero, pero una conocida me dijo que venga, que acá hay mucho trabajo”, explica.

Una de las cosas que la hizo decidirse por empezar en esto fue la muerte de su padre. Tras ello, debía apoyar con algo de plata a su familia y entonces una cosa llevó a la otra.

Daniela maneja su cuenta de Twitter, pero también se anuncia en una página de encuentros carnales. Muchos le escriben a su teléfono y ella les responde diciéndoles sus tarifas por tiempo, que son lapsos similares a los de Liliana.

En Ecuador hay portales de anuncios sexuales

Skokka es uno de los varios portales digitales de anuncios clasificados para adultos en el país, cuyas operaciones iniciaron a escala nacional en 2017. EXTRA consultó a dicha empresa sobre datos estadísticos en este ámbito y a través de un correo la compañía facilitó algunas cifras (ver infografía).

Para denuncias

En redes sociales como Twitter también hay cuentas a través de las cuales se expone a quienes han perjudicado de alguna forma a las trabajadoras sexuales. Se publica fotos de estas personas y se advierte a las chicas que no ‘amarren’ un encuentro con ellos.

¿En qué radica el auge de la prostitución ‘2.0’?

Para José Rivera Costales, docente y consultor en redes sociales y marketing, estos sitios virtuales se han convertido en un nicho donde las sexoservidoras negocian directamente con los usuarios, establecen un valor por el servicio y no necesitan de un lugar físico para exhibirse.

Esto les reduce los costos de traslados y, además, les permite sectorizar el área donde trabajan, ya que muchas solo laboran en ciertas zonas de una ciudad, como Liliana, que tiene al centro de ‘base’.

Rivera considera que a través de las redes se genera una especie de nexo entre la trabajadora sexual y el usuario, porque muchas veces interactúan por chat, lo que implica un trato más personalizado. “Eso genera de alguna forma fidelidad en el cliente. Él incluso puede recomendarlas”, dice.

Refiere que lo negativo de esta modalidad es que pueden haber perfiles falsos para estafas o extorsión. Además, el peligro que corren las chicas al no conocer bien a quien las contrata.

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