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Diario Extra Ecuador

Ecuador

Funeral monseñor Antonio Arregui: Iglesia católica guayaquileña despidió a su pastor

En el mausoleo arzobispal depositaron los restos de quien lideró Conferencia Episcopal Ecuatoriana y más de decenas de personas oraron por su descanso eterno

Terminada la misa, retiraron las insignias colocadas sobre el ataúd.

Terminada la misa, retiraron las insignias colocadas sobre el ataúd.FRANCISCO FLORES

Isabel Campuzano
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Con el dolor de la despedida, pero también con la esperanza en la resurrección, en la Catedral Metropolitana de Guayaquil se despidió al arzobispo emérito de la ciudad, monseñor Antonio Arregui Yarza, y se oró por su descanso eterno.

El cardenal monseñor Luis Cabrera Herrera, arzobispo de Guayaquil, presidió la misa de exequias, en la que participaron el arzobispo de Quito, Alfredo Espinoza; el arzobispo de Cuenca, monseñor Marcos Pérez; monseñor Aníbal Nieto, obispo emérito de la Diócesis de San Jacinto, y sacerdotes de todas las parroquias eclesiásticas de Guayaquil y de otras jurisdicciones.

Al iniciar el oficio solemne leyeron las condolencias enviadas por el papa León XIV ante el deceso de quien fue el arzobispo de Guayaquil, secretario general, vicepresidente y luego presidente en Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

Decenas de feligreses hicieron fila para orar ante la tumba.

Decenas de feligreses hicieron fila para orar ante la tumba.FRANCISCO FLORES

Después de la lectura del Evangelio, en su homilía, monseñor Cabrera hizo reflexionar en que la Palabra escuchada ayer (Mt 19,29) parece escrita para monseñor Arregui, porque él como los primeros discípulos, lo dejó todo para seguir a Jesús. Que él no dudó en dejar su familia y su cultura para conocer, amar y servir en nuestra patria.

“Aquí hizo su hogar, su misión y su familia espiritual. Aquí enseñó, acompañó a jóvenes, formó matrimonios, sostuvo a trabajadores y sembró la fe en Jesucristo con paciencia y cercanía...”. También mencionó que el extinto “no fue un pastor de discursos, sino de manos abiertas y compromiso evangélico”.

Tras destacar su labor en los diferentes cargos, en las obras que hizo, el principal de la Iglesia porteña resaltó que monseñor Antonio ya recibió en esta tierra la recompensa, de participar de la vida misma de Dios.

El religioso destacó que monseñor Arregui le acompañó, de una manera discreta, en los momentos importantes de la arquidiócesis. “Por todo esto, te decimos: Gracias, Antonio, por tu cercanía, por tu sencillez y por tu generosidad; gracias, por tu don de gentes, por tu palabra firme y tu corazón compasivo...”

Momentos en que los sacerdotes trasladaron el ataúd al mausoleo de los obispos.

Momentos en que los sacerdotes trasladaron el ataúd al mausoleo de los obispos.FRANCISCO FLORES

Monseñor Cabrera también agradeció a tantas personas e instituciones públicas y privadas que acogieron con entusiasmo sus iniciativas pastorales, como la construcción del Santuario de la Divina Misericordia, el banco de alimentos Diakonía y el centro terapéutico San Juan Pablo II, entre otras obras de evangelización.

Restos llevados al mausoleo

Después de la bendición final, el ataúd con los restos del arzobispo emérito fue aromatizado con incienso, le retiraron las insignias episcopales, lo bajaron del altar y trasladaron al mausoleo de los obispos.

Pasadas las 13:20, después de los ritos de sepultura, el mausoleo fue abierto y en fila, más de un centenar de feligreses ingresó a orar ante la tumba.

Mariana de Jesús Cajamarca, quien llegó desde el suburbio de Guayaquil, fue una de las primeras en ingresar para tocar y orar ante la bóveda en la que se leía el nombre de quien presidió al pueblo de Dios, en Ecuador.

Mientras unos daban el último adiós al sacerdote Antonio en su tumba, otros optaron por fotografíarse con el retrato que estaba en el altar. “Nos va a hacer mucha falta, él nos orientaba”, dijo Malena Salas, quien con otras integrantes del Movimiento Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María también posaron para capturar la imagen de quien fue su guía y ya partió al encuentro con Dios.

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