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Diario Extra Ecuador

Buena Vida

Tradición en San Fernando: Fervor en comunidad por festividad del Señor de la Misericordia

Desde inicios del año, cada fin de semana, los devotos de esta localidad del Azuay han participado de las procesiones y remates para honrar al Salvador

El tradicional templo de cantón San Fernando.

El tradicional templo de cantón San Fernando.CLAUDIA PAZÁN

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La devoción al Señor de la Misericordia no es solo una celebración religiosa, sino una expresión profunda de identidad colectiva que se renueva año tras año, en el cantón San Fernando, al sur de Cuenca, provincia del Azuay.

Esta tradición, con más de seis décadas de vigencia, marca el ritmo espiritual de la comunidad y convoca a cientos de fieles durante cinco domingos consecutivos entre los meses de enero y febrero.

“La gente se encomienda al Señor de la Misericordia por la salud, por los migrantes y por las gracias recibidas”, explica el padre José Madanu, párroco de San Fernando, al puntualizar que cada domingo la fiesta cuenta con un prioste responsable de organizar la eucaristía, las vísperas y la procesión. 

La celebración, que antiguamente era conocida como la del Señor de la Buena Muerte, cambió su denominación hace más de 60 años, sin perder el sentido de fe que la caracteriza. “Aquí casi el 99% de la población es católica y demuestra su fe participando activamente en estas fiestas”, dijo el sacerdote.

Los priostes asumen compromiso

La preparación para la festividad se inicia con meses e incluso años de anticipación. Los priostes asumen un compromiso que va más allá de la organización religiosa, pues implica convocar a las familias, coordinar actos litúrgicos y preservar las prácticas tradicionales que han pasado de generación en generación. “Hay devotos que se inscriben con muchos años de antelación; tenemos listas organizadas hasta 2038”, detalla Madanu, lo cual refleja el arraigo de esta devoción en la vida cotidiana del cantón.

Devota hizo un arco de flores para la fiesta del Señor de la Misericordia.

Devota hizo un arco de flores para la fiesta del Señor de la Misericordia.CLAUDIA PAZÁN

Esta devoción fue confirmada por Patricia Cárdenas, habitante de San Fernando. En la vereda de su casa se encontraba armando un arco de rosas para la celebración del tercer domingo de fiesta. El arco era parte de las ofertas de los jóvenes de la catequesis. La mujer dedicó más de cinco horas de su día a la elaboración de este arco como una forma de agradecer las bendiciones recibidas durante el año que pasó.

“Todas las familias tenemos nuestra propia imagen del Señor en nuestras casas y cada domingo salimos con ellas para la procesión”, añadió la devota.

Durante las procesiones, el centro de San Fernando se transforma en un espacio de encuentro comunitario. Las calles se llenan de rezos, cantos y expresiones de respeto que acompañan el recorrido de la imagen del Señor de la Misericordia. 

“Para muchos fieles, este momento representa el cumplimiento de promesas hechas en tiempos difíciles. Los migrantes retornan al cantón, las familias se reúnen y los más jóvenes se integran activamente, garantizando la continuidad de una tradición que sigue vigente”.

El templo patrimonial

El corazón de esta celebración es la iglesia patrimonial de San Fernando, un templo con 138 años de antigüedad, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1972.

En su altar mayor se conserva la imagen original del Señor de la Misericordia, una obra centenaria de 69 centímetros de altura, elaborada en madera recubierta de plata traída de España, que solo es descendida en ocasiones excepcionales. “Es un símbolo espiritual del cantón y por eso la cuidamos con mucho respeto”, afirma el párroco.

Tradición  y fervor en el cantón San Fernando.

Tradición y fervor en el cantón San Fernando.CLAUDIA PAZÁN

Para los habitantes de San Fernando, la devoción al Señor de la Misericordia es un punto de encuentro que trasciende generaciones y fronteras. Más allá de lo religioso, la festividad fortalece los lazos comunitarios y reafirma la identidad cultural del cantón. “Aquí la fe no se ha perdido, sigue viva y se renueva cada año”, resume el padre Madanu.

Los actos también comprenden los remates en los que subastan lo donado por los fieles (animales, productos) para recaudar fondos para el templo. Este año, los recursos se invertirá en remodelar la sacristía y adecuar un museo para exponer las obras antiguas.

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