Buena Vida
La visita del Niño Rey en Cuenca: Devoción centenaria que se vive cada enero
Una agrupación de 183 familias cumple con la tradición de recibir en sus hogares la representación de Jesús infante y diariamente a llevan de casa en casa

Manuel Lupercio cuenta cómo se desarrolla el Pase del Niño Rey.
En una casa donde la devoción es parte de la vida cotidiana, don Manuel Lupercio, de 78 años, custodia una tradición que ha marcado a generaciones. El Pase del Niño Rey no es solo una celebración religiosa: es una expresión viva de fe popular, de evangelización y de compromiso comunitario que, según las investigaciones, cumple 100 años, aunque su origen podría remontarse a mucho más tiempo atrás.
“Celebramos cien años de fe, tradición y evangelización”, afirmó don Manuel, presidente y coordinador de los Priostes del Niño Rey, agrupación conformada por 183 familias que, año tras año, abren las puertas de sus hogares para recibir la imagen del Niño Jesús, en la ciudad de Cuenca, provincia del Azuay.
Cada prioste acoge al Niño Rey por una noche y un día, en un recorrido que se inicia cada 1 de julio y convierte a la ciudad en un templo extendido, donde la oración y la convivencia se entrelazan.
“El Niño pasa siempre recorriendo los hogares”, explica don Manuel, subrayando una particularidad que distingue esta devoción de otras expresiones religiosas. Solo en fechas específicas, como el 5 y 6 de enero, la imagen regresa a su casa espiritual: la parroquia del Santo Cenáculo.
La gran pasada de la imagen del Niño
El momento más visible de esta tradición es la gran pasada del 5 de enero, cuando cientos de fieles acompañan al Niño Rey desde el parque San Blas hasta el Santo Cenáculo. En el trayecto hay personajes bíblicos, carros alegóricos, caballos, escenificaciones como la corte del rey Herodes y la repartición de chicha y pan bendecidos, símbolos de comunión y fraternidad.
La celebración culmina con la eucaristía solemne y una serenata al Niño Jesús, seguida de la quema del castillo. Al día siguiente, el 6 de enero, la misa de epifanía (presidida por el arzobispo Marcos Pérez) se convierte en una acción de gratitud por el recorrido del Niño Rey por los hogares de los priostes.

Cada 5 de enero hacen un recorrido con representaciones de personajes bíblicos.
Una vida de servicio
Para don Manuel, esta devoción es inseparable de su historia personal. Heredó la fe de su familia, especialmente de su tío Juan Luis Lupercio, uno de los antiguos organizadores de la celebración.
“Es una cimentación cristiana que uno recibe desde niño y que con los años se comprende más profundamente”, reflexiona. Desde hace más de tres décadas, su vida está dedicada al servicio a la Iglesia, acompañando a enfermos, personas abandonadas y necesitadas.
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Su fe se ha forjado también en la prueba. Padre de un hijo con discapacidad, don Manuel reconoce que ha encontrado en el Niño Jesús la fortaleza para vivir con paciencia y esperanza.
Así, el Pase del Niño Rey no es solo una tradición centenaria, sino una muestra de fe que camina, que entra en las casas, que se comparte y que se renueva cada año en la vida de quienes, como don Manuel, creen que con el Niño Jesús “empieza todo”.