Tu hijo aprende con el contacto físico
La interacción no debe tener límites, ya que ayuda a fortalecer los vínculos.

Compartir actividades con los más pequeños les ayuda a disminuir la ansiedad y los mantiene relajados.
Los beneficios del contacto físico son infinitos. Así lo enfatiza Sara Joutteaux, neuropsicóloga y máster en psicología. “Mostrar afecto físico ayuda a estrechar lazos y traer más efectos positivos”, dice la profesional.
Tu familia es lo más importante ¡sé empático con ella!
Por eso jugar es más de lo que te puedes imaginar. Correr, saltar, divertirse con la cocinita, las muñecas, el fútbol, las cartas e incluso un videojuego, es muy importante para el desarrollo del niño. Con estas actividades aprende y controla sus emociones. Ello le permite entender y dominar su propio comportamiento.
Cuando juegues con él, asegúrate de que la situación sea equilibrada a la hora de perder o ganar. Si el pequeño no pierde no va a aprender a manejar su frustración. Enséñale a superar sus límites de forma segura y a evaluar las situaciones de riesgo.
Por si no lo sabías, tu hijo también puede sufrir de estrés y con el contacto físico y emocional este puede desaparecer.
Para jugar en familia
- Integra a todos. Recuerda que jugar es una actividad que deja a un lado las desigualdades.
- Pon reglas y todos deben acatarlas. Esta acción es uno de los beneficios del juego.
- No impongas tu autoridad en el juego, solo si las circunstancias lo requieren, como una pelea o algo que desate el desorden. La participación de los adultos implica el estar en un momento de igualdad.
- Establece los juegos de acuerdo a la edad de los niños.
“El simple contacto físico brinda seguridad. Es importante que el niño sienta la conexión con sus padres. Ojo, tampoco se debe crear un apego o generar ansiedad por la separación entre padre e hijo. Más bien se debe trabajar en la confianza.
Los juegos ayudan a crear vínculos. Todas las actividades que involucren la parte psicomotriz generan aprendizajes. Es muy importante el contacto físico, especialmente en las edades iniciales. He conversado con adultos que no toleran un abrazo y es precisamente porque no tuvieron ese vínculo con sus padres”.