SUSCRÍBETE
Diario Extra Ecuador

El hombre que 'caza' joyas y dinero en Manabí usando su detector de metales

Bryan Zambrano busca lo que otros pierden. Recorre distintas playas con un detector de metales en busca de joyas y monedas ocultas en la arena

Bryan Zambrano mientras recorre la playa de San Mateo, en Manta, en busca de objetos de valor que quedan enterrados tras la marea.

Bryan Zambrano mientras recorre la playa de San Mateo, en Manta, en busca de objetos de valor que quedan enterrados tras la marea.ALEJANDRO GILER / Extra

Diego Alfonso Alvarado Franco

Creado:

Actualizado:

Bryan Zambrano busca el oro que los bañistas olvidan en Manabí. Conoce la historia de 'Familia Detectora', el hombre que hizo de la playa su oficina para rescatar tesoros que otros dieron por perdidos.

(Lea también: Carro Limpio, el taxista que desafía la noche en los barrios más peligrosos de Guayaquil)

Por las mañanas, cuando el sol apenas comienza a golpear la costa manabita, hay un hombre que camina despacio, atento al sonido de un curioso aparato en la arena. No busca oro en mapas antiguos ni cofres enterrados por piratas. Busca lo que otros perdieron sin darse cuenta.

En la playa de San Mateo, en Manta, el pitido no se detiene. Es leve, constante. Bryan Zambrano avanza con un detector de metales cuyo valor supera los $ 2.000, una pala en mano y un pequeño bolso donde guarda sus ‘víctimas’. Lleva también un trípode de cuello para grabarse.

De pronto, el sonido cambia. Los números en la pantalla del detector empiezan a moverse. “Aquí hay algo diferente”, dice. Se agacha, escarba con cuidado y encuentra una cremallera. Podría haber sido cualquier cosa.

“Eso es lo bonito de la detección. Uno nunca sabe lo que va a salir. Puede que en esa detección también me hubiese salido un anillo de oro”, destaca, sonriente. Y sigue caminando: Cerca de las sillas de playa, sobre la arena compacta, incluso donde comienza el mar.

Anillo de marca Pandora hallado en la arena por Bryan Zambrano; estima que su valor ronda los 50 dólares.

Anillo de marca Pandora hallado en la arena por Bryan Zambrano; estima que su valor ronda los 50 dólares.ALEJANDRO GILER / Extra

Prefiere trabajar cuando la marea está baja. Ahí, explica, es donde ocurre todo. “Por lo general dentro del agua es donde se le cae la joyería a la gente. Cuando baja la marea, todo eso queda estancado”.

En San Mateo, por ejemplo, el mar retrocede lo suficiente como para dejar al descubierto zonas donde antes hubo bañistas. Es terreno fértil.

Playas, rutas y secretos del detectorista

Este hombre de 31 años ha recorrido varias playas de la costa ecuatoriana: Jaramijó, Tarqui, Montañita, San Mateo, Santa Marianita, Puerto López y Puerto Cayo. Pero su rutina se concentra en los alrededores de Manta.

No hay una playa perfecta, advierte. Todo depende de la suerte.

Aun así, tiene sus estrategias. La de Tarqui, por ejemplo, es evitada por otros detectoristas. Él la aprovecha. “He ido y me he hecho 30, 40 dólares en moneda. He sacado joyería de plata. Como los otros no van, esa es como mi playa secretita”.

Bryan en una detección junto a su esposa, quien fue clave para que iniciara en la detección de metales.

Bryan en una detección junto a su esposa, quien fue clave para que iniciara en la detección de metales.Cortesía

San Mateo, en cambio, le ha dado sus mejores hallazgos en oro. Y la playa El Murciélago, por ser la más concurrida, suele estar ‘pelada’. “La mayoría de mis compañeros se enfrascan ahí”. Porque sí, hay un pequeño grupo de detectoristas en Manta. Apenas seis o siete. Y la mayoría prefiere ‘camellar’ en ‘voz baja’.

Mientras otros evitan hablar, Bryan hace lo contrario: graba, publica, comparte. Su audiencia (Facebook: Familia Detectora) crece poco a poco.

“A nosotros no nos conviene que la gente sepa del hobby porque más gente va a comprar detectores”, reconoce, pero no le preocupa. “Playas hay muchas y la gente pierde cosas todos los días... El sol sale para todos”, reflexiona.

Un sueño que comenzó desde niño

La historia de Bryan comenzó frente a una pantalla. Tenía unos siete años cuando veía en YouTube al canal español Detección Metálica.

“Siempre me llamó la atención encontrar algún tesoro”, confiesa, sobre aquel sueño que parecía lejano. Los detectores eran (y son) ‘cariñosos’ y difíciles de conseguir en Ecuador. Su familia no podía costearlo. Pasó el tiempo y su esposa cambió todo.

Hace unos tres años, tras ver estos artefactos en internet y el amor de Bryan por ellos, su esposa tomó la decisión. “Llega en un mes”, le dijo, mostrándole la compra. Ese, fue el inicio. “Fue lo mejor que me pudo haber regalado, aparte de mis hijos”, bromea.

Solo un hobby

De lunes a jueves, Bryan ‘peregrina’ los litorales con su detector. El resto de la semana trabaja como delivery.

La detección es un hobby, pero no siempre. “Hay días que hago más (dinero) en la playa que mi trabajo fijo”, revela. Pero no es constante. Hay jornadas sin nada. Otras, en cambio, pueden cambiar el mes entero. “Todo es cuestión de suerte”, repite.

En sus recorridos ha encontrado mucho más que monedas. Desde joyería de plata hasta objetos inesperados: cuchillos enterrados, herramientas de pesca, una campana antigua o un rosario con una fotografía deteriorada que prefirió volver a enterrar. Uno en cada tono no sabe lo que le va a salir”, dice, evocando aquella vez en que el rosario le pareció un vestigio de rituales ocultos.

Su deseo de ayudar a otros en el futuro

Bryan no guarda lo que encuentra. Lo vende, principalmente a través de redes sociales. “Si me dan el precio que quiero, lo vendo”.

Incluso ha vendido objetos a sus propios dueños. Antes intentaba devolverlos, pero cambió de idea. “Me salían mil dueños… y a veces la gente no es ni agradecida”.

Ahora, basta con repetir “gracias por la donación”, a cualquiera que intente recuperar ‘de a gratis’ algún objeto encontrado.

Bryan Zambrano recorre playas de Manta con un detector de metales y encuentra dinero, joyas y objetos insólitos que otros perdieron sin notarlo.

Bryan Zambrano recorre playas de Manta con un detector de metales y encuentra dinero, joyas y objetos insólitos que otros perdieron sin notarlo.ALEJANDRO GILER / Extra

Más allá del dinero, Bryan tiene un plan. Quiere crecer en redes sociales y, cuando logre monetizar, usar lo que obtiene para ayudar a otros.

Mi objetivo es que todo lo que saque sirva para bendecir a alguien”, proyecta. No quiere regalar dinero directamente, sino apoyar emprendimientos y luego compartir con quienes lo necesiten. Aún no lo ha hecho. Pero lo tiene claro.

" data-youtube-vid="" src="https://www.youtube.com/embed/" width="100%" frameborder="0" allowfullscreen>

Además, sueña con viajar, recorrer playas de otros países, crear contenido más elaborado e incluso abrir una joyería. “Si yo lo hago sin grabar, no voy a llegar donde quiero llegar”, reconoce.

‘Caza cangrejos’

Mientras camina por San Mateo, el detector emite su pitido rítmico. Bañistas curiosos se le acercan y le preguntan si está midiendo el suelo o detectando cangrejos. Le ha pasado más de una vez. Bryan sonríe, explica y sigue su camino. Sabe que la rareza de su oficio es también parte de la historia que quiere contar.

tracking