En Guayaquil, niña de 7 años pesa menos de 6 kilos y lucha por vivir: Así puede ayudarla
Niña de 7 años en Guayaquil pesa menos de 6 kilos por múltiples enfermedades. Su familia enfrenta altos costos médicos y pide apoyo ciudadano

Álex Pérez y Alexandra Carchipulla cargan a Milagro, como a un bebé, en su casa en el sur de Guayaquil.
Las claves del caso
- Niña de 7 años en Guayaquil pesa menos de 6 kilos por múltiples enfermedades congénitas.
- Familia enfrenta altos costos médicos y usa equipos diarios para mantenerla estable.
- Padres buscan apoyo ciudadano para cubrir tratamientos, alimentación y cuidados permanentes.
Niña de 7 años en Guayaquil pesa menos de 6 kilos debido a múltiples enfermedades congénitas. Ha sobrevivido a cinco paros cardíacos y requiere cuidados permanentes. Su familia enfrenta altos costos médicos y solicita apoyo para continuar con su tratamiento.
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Milagro cabe en brazos como si el tiempo no hubiera pasado por ella. Tiene siete años, pero pesa menos de seis kilos. En su pequeña hamaca, se balancea despacio mientras observa todo con atención, y sobrevive a diagnósticos que, desde su nacimiento, le negaban la posibilidad de seguir con vida.
La escena se repite cada día en una modesta casa del sur de Guayaquil. No puede sentarse, pero le encanta estar inclinada desde su mecedora, donde lo mira todo: las manos de su madre, el ir y venir de su padre, la luz que entra por la ventana y hasta la gran foto de ella que está pegada en una de las paredes. “A ella le encanta estar ahí”, dice Alexandra Carchipulla, su madre.
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A ratos, Milagro estira sus manos y responde a lo que ocurre a su alrededor. Si ve un cintillo acercarse, lo aparta de inmediato. No le gusta que la peinen. Pero si en la televisión aparece ‘Masha y el Oso’, sus risitas no faltan.
Su padre Álex Pérez acostumbra a llegar del restaurante donde labora con el cansancio encima. Pero antes de cualquier cosa, la carga. La sostiene como a un bebé, con cuidado. Milagro se deja por unos minutos, pero pronto parece pedir volver a su hamaca. “Es un ratito nomás que le gustan los brazos”, cuenta, sonriendo.
Un nacimiento cargado de complicaciones
Milagro nació en julio de 2018, en la maternidad del Guasmo, en medio de horas de incertidumbre y silencio. No lloró. Se la llevaron de inmediato. Tenía una cardiopatía y múltiples condiciones: parálisis cerebral infantil, labio leporino unilateral, paladar fisurado y síndrome de Noonan, una afección genética que afecta el desarrollo en varias partes del cuerpo. El pronóstico fue devastador.

Álex Pérez arrulla a Milagro en la mecedora que tanto le gusta.
“No tiene posibilidades de vivir”, le dijo un médico a su padre. Pero él se aferró a otra idea. “El único que me puede decir ‘no’ es Dios. Yo voy a luchar”, le respondió. Y desde entonces, eso es lo que han hecho.
El primer año de vida de Milagro transcurrió entre hospitales. Contrajo una bacteria, enfrentó complicaciones severas y ha tenido cinco paros cardíacos. En más de una ocasión, los médicos sugirieron desconectarla. No lo hicieron. Resistió.
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En los primeros días tras el alumbramiento, Álex viajó a Nobol, al santuario de la Narcisa de Jesús. “No soy mucho de doblar rodillas, pero lo hice”, rememora. Regresó con una pequeña imagen de la Narcisita que puso en manos de Alexandra. Días después, contra todo pronóstico, la bebé estaba estable.
“Por eso se llama Milagro, pues mi madre en ese momento me dijo: ‘ponle ese nombre, porque ella será un milagro de vida’”, cuenta el padre, nostálgico.
La diaria dificultad que atraviesa la menor
En la actualidad, su vida depende de cuidados constantes. Tiene dificultades para controlar la saliva, por lo que usa un chupón y requiere una máquina de succión de flemas varias veces al día, incluso en la madrugada. “Casi no dormimos”, confiesa Alexandra, y añade que cuando tiene gripe la situación empeora.

Alexandra muestra la gran fotografía de Milagro en la sala de su hogar.
El aparato, de uso intensivo, suele dañarse cada seis meses. Reemplazarlo cuesta alrededor de 200 dólares. A eso se suman la leche especial, los suplementos y los controles médicos. El bono estatal que reciben se consume rápido.
Por ello, para sostener ese día a día, la familia trabaja sin descanso. Álex en su ‘camello’ y Alexandra en un emprendimiento desde casa: vende gelatinas, bolos, empastados y piqueos como papas rellenas, salchipapas y papipollos. “Vendemos todo lo que se pueda vender”, dice él.
Pero los gastos superan los ingresos. Por eso, piden ayuda. “Milagrito es un acto de fe, esperanza y mucho amor”, dice su madre, con la voz entrecortada al recordar la lucha y el cariño que le demuestra a su niña.
Si desea apoyar a Milagro y a su familia, puede comunicarse al 099 251 5682 - 095 970 3961. También puede colaborar realizando pedidos de comida.
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