La 'hueca' en la que sirven porciones extragrandes en Guayaquil: ¿Dónde encontrarla?
Lucía Alvarado desde hace 30 años recibe a sus clientes para que degusten corviches, papas rellenas y maduros lampreados

Lucía atiende siempre con una sonrisa. Es lo primero que sus clientes ven.
Lucía Alvarado Palma tiene energía y vitalidad hasta para ‘regalar’. A las 05:00 inicia su jornada de trabajo y la termina a las 22:00 con más ocupaciones en su amada cocina. ¡Es incansable!
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La mujer, de 59 años, prepara de lunes a viernes bocadillos típicos que ofrece en un puesto ubicado en los exteriores de su vivienda, en la calle Julio Jaramillo y callejón 26, en los alrededores del Hospital de Especialidades Guayaquil, en el suroeste de la ciudad. Papas rellenas, corviches de pescado y camarones, tortillas de verde, torrejas de choclo y maduros lampreados forman parte del menú de la ‘madrina’.
La sazón manabita, el distintivo de Lucía
Desde las 16:00, con productos frescos y buena actitud, los vecinos y los no tan cercanos son atendidos por Lucía, que nació en la provincia de Manabí pero creció en la urbe porteña. “Seguramente de allí agarré la buena sazón. Todos me reconocen por eso y hasta vienen desde otros sectores, como Durán, para probarla”, comenta con alegría.
Ella tiene esta misma rutina desde hace 30 años, cuando por necesidad (y también por gusto a la gastronomía) inició el negocio en la puerta de su vivienda. “Aquí mismo empecé. Fue con apenas unos cuantos corviches, pero desde el primer día me fue bien y los clientes me empezaron a pedir más y más”, relata.
La primera parte de su día la pasa entre plátanos verdes, maduros, papas y choclos. A las 05:00 de cada día se despierta y empieza el ‘baile’: avanza en su cocina con lo que puede, como la preparación de refritos o salsas, y cerca de las 10:00 se encamina al mercado para comprar lo necesario para sus recetas.

Así se organiza en los exteriores de su vivienda. Sus sobrinas la ayudan con la venta.
Después llega a su residencia para terminar las preparaciones y dejar listos sus bocadillos. Sin embargo, reconoce que ahora sus días son más relajados gracias a máquinas procesadoras que le ayudan a amasar los verdes y las papas.
“Haber comprado eso fue un alivio. Antes, yo solita rallaba hasta dos racimos y me tomaba tres horas. Obvio que igual termino cansada, pero contenta de haber cumplido lo que me propongo cada día”, expresa.
Las porciones son grandes: El 'defecto' que lo causa
Sus porciones, por otra parte, son generosas por ‘default’. Es decir, sus manos ya están ‘configuradas’ para dar forma a platillos y que tengan buen tamaño. “Por más que intente, ya no me salen más pequeños”, dice riéndose. “Lo bueno es que los beneficiados son los clientes”, concluye la emprendedora.
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