La sombra del narcotráfico en en puerto de Guayaquil y el crimen del trabajador portuario
Familiares del fallecido revelaron las amenazas que ejercen las bandas criminales sobre quienes laboran en el puerto. La víctima se bajaba de un carro

Familiares de Carlos Alberto Jines Ponguillo llegaron a la morgue para retirar su cuerpo.
“Hay amedrentamientos de grupos criminales de narcotráfico. A los trabajadores del puerto se les exige colaborar con ellos. La situación dentro es terrible. Nadie hace nada”, relató un familiar de Carlos Alberto Jines Ponguillo, de 19 años, trabajador portuario asesinado a las 20:30 del martes 3 de febrero, en la intersección de las calles Pío Jaramillo y Febres-Cordero, en el sur de Guayaquil.
Esa noche, Carlos Alberto salía de su trabajo en el puerto y se trasladaba en el carro de un amigo. Su casa estaba a unas tres cuadras del lugar donde fue interceptado. Personas cercanas avisaron a sus familiares, quienes al llegar al sitio lo encontraron ya sin vida.
Sus allegados indicaron que el joven trabajaba desde hace seis meses en la terminal portuaria, donde era el encargado de abrir y cerrar las puertas de los contenedores, incluso durante inspecciones de la Policía Antidrogas.

El cadáver del joven de 19 años quedó en la calzada.
“Yo también trabajé en el puerto. Gracias a Dios, salí en septiembre pasado. Allí se vive con tensión diaria, porque sientes que en cualquier momento puede ocurrirte algo. Los criminales obtienen los números de teléfono de los trabajadores y los presionan para permitir el paso de drogas. Trabajar allí es una actividad de alto riesgo. He perdido la cuenta de cuántos compañeros han sido asesinados”, manifestó otro allegado de la víctima.
Carlos Alberto era el tercero de tres hermanos y el único varón. Su familia lamenta que la delincuencia no respete la vida ni la fe de las personas.
278 asesinatos registra la Zona 8 desde el 1 de enero al 4 de febrero.
El puerto cuenta con tres concesiones privadas, pero la mayoría de los hechos violentos han estado direccionados a a una de ellas, justo donde trabajaba Carlos Alberto.
Según información de la Policía, en el lugar del suceso se hallaron diez indicios balísticos calibre 9 milímetros. La madre de Carlos Alberto declaró a los agentes que llegaron al lugar, que aquella noche había planeado recogerlo donde siempre lo dejaba el expreso, pero él decidió regresar con un amigo.
El mayor David Baca, jefe de operaciones del distrito Esteros, informó que los asesinos actuaron a pie. Eran dos hombres que, después de disparar, huyeron en motocicleta.
“Lo inusual es que, normalmente, él se trasladaba en el expreso del trabajo. En esta ocasión llegó con unos compañeros, que lo dejaron una cuadra antes de su lugar habitual, donde aparentemente lo estaban esperando”, dijo el oficial.