Editorial: ¡Bendición y desastre!
Fundas, botellas y demás desperdicios arrojados en las calles bloquean la red de alcantarillado y los conductos de desfogue
La lluvia volvió a mostrar sus dos caras en el país. Mientras en la Sierra fue recibida con alivio y esperanza para los embalses que sostienen la generación eléctrica, en la Costa (especialmente en Guayaquil) los primeros aguaceros encendieron las alarmas con inundaciones, relámpagos y apagones registrados el pasado domingo.
En el Puerto Principal, el problema se repite cada invierno: la basura. Fundas, botellas y desperdicios arrojados en las calles bloquean la red de alcantarillado y los conductos de desfogue, provocando acumulación de agua en varios sectores. No se trata solo de una falla del sistema, sino de una deuda pendiente de conciencia ciudadana. Cada desecho mal dispuesto se convierte en una inundación anunciada.
De ahí la urgencia de un llamado claro a la corresponsabilidad social: usar los contenedores de basura y respetar los horarios de recolección no es un favor, es una necesidad en temporada invernal.
La Alcaldía de Guayaquil enfrenta ahora el ‘camello’ de intervenir en las zonas más afectadas, para evitar que los próximos aguaceros desaten caos vial en días laborables.
En contraste, en la Sierra las lluvias alimentan ríos y embalses como Mazar, clave para el Complejo Hidroeléctrico Paute y para mantener a raya los apagones. Dos realidades opuestas que confirman que la lluvia no es el enemigo, sino la falta de prevención y de cultura urbana.