Editorial: Eventos que ayudan a ‘facturar’
Otros países ya entendieron que traer grandes eventos no es un gasto, sino una inversión que se devuelve multiplicada
Shakira movió las caderas y Quito su economía. La capital no durmió tres noches, y no fue por culpa del tráfico ni de la política, sino por una barranquillera que puso a bailar hasta al más serio. Pero detrás de los gritos, las luces y los ‘¡waka waka!’, hubo algo más grande: el movimiento de harto billete que dejó a medio país con la sonrisa (y las ventas) arriba.
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Los vuelos se llenaron, los hoteles no daban abasto, los restaurantes y bares hicieron ‘su agosto’ en noviembre, y los comerciantes (formales e informales) vendieron como en Navidad. Todo eso gracias a los conciertos.
Y ahí está la enseñanza para los ‘contreras’: la cultura y el entretenimiento no son simples pasatiempos, son una industria que genera empleo, dinero y vida. Pero para que el espectáculo siga, Ecuador tiene que ponerse serio con este tema: incentivos para los organizadores, escenarios de primer nivel y un trabajo conjunto entre el sector público y el privado.
Editorial: El horror de la falta de planificación
Otros países ya entendieron que traer grandes eventos no es un gasto, sino una inversión que se devuelve multiplicada: más impuestos, más empleo y una mejor imagen del país. Ecuador puede hacerlo. Solo falta que alguien se anime a prender las luces y subir el volumen.
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