Lo que vivió una madre tras el choque fatal en la vía a Daule que le costó a su hija
Rosa Segarra reconstruyó el día en que un vehículo atropelló a su hija en la vía a Daule, cerca de Puente Lucía, y cambió su vida para siempre

Lo que vivió una madre tras el choque fatal en la vía a Daule.
Rosa Segarra sonríe. Lo hace con una dulzura que descoloca, porque apenas unos segundos después sus ojos se llenan de lágrimas. Ocho días han pasado desde la mañana del 14 de enero, cuando en el kilómetro 26 de la vía a Daule un vehículo pesado la impactó mientras cruzaba la carretera y le arrebató la vida a su pequeña hija de siete años.
(Lea también: Accidente con posterior muerte de niña en la vía a Daule: Conductor implicado huyó del lugar)
Sonríe cuando recuerda a su hija. Llora cuando la memoria se le atraviesa en la garganta. A lo largo de la entrevista con EXTRA, el nudo aparece una y otra vez. Siete veces, al menos.
Está sentada en un sofá, en la casa de su mejor amiga, Ruth López, a quien llama con cariño “Marita”. Allí se refugia mientras se recupera. Vive lejos, pero esta casa queda más cerca del Hospital del Guasmo, al que debe acudir con frecuencia.
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Ruth no solo le abrió la puerta: le sostiene el cuerpo y el ánimo. La abraza. La acompaña. A ratos, casi en susurros, le repite: “Piensa en Dios, siempre en Dios… si no fuera por las cosas que Él nos da, estaríamos perdidas”.
Rosa se mueve poco. Cada intento duele. Las heridas visibles ya muestran costras. Tiene golpes en brazos, piernas, torso y espalda. En el rostro, el ojo derecho aún conserva el rastro violeta del impacto y unos puntos sobre la ceja.

Su amiga Ruth la consuela mientras aún trata de asimilar lo ocurrido. ag-periodista ag-granasa 22-1-2026
El atroz día del accidente en la vía a Daule
Aquel miércoles, a las 06:30, caminaba con su hija rumbo a la escuela, cerca de la cooperativa 11 de Septiembre, sector Puente Lucía. En el camino repasaban para un examen de inglés. “Le decía que, si lo hacía bien, le daría un juguete”, rememora.
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Al cruzar la vía, todo se volvió confuso. “Solo abrí los ojos y estaba en el hospital de Monte Sinaí”, recuerda. Allí vio a su madre, a su hermana, hasta que escuchó una frase que aún la desarma: “Fuimos a ver el cuerpo de la niña”. Se negó a creerlo. Pensó que dormía. Pero las horas pasaron y la verdad no cambió. Le dijeron que no sufrió, que se fue rápido.
Asegura que siempre cruzaban con cuidado. No recuerda vehículos cerca. Solo el impacto que la lanzó lejos.
La “negligencia” que habría vivido en un hospital del MSP
Un médico del hospital Monte Sinaí del Ministerio de Salud Pública le dijo que estaba “perfectamente bien” y le dieron el alta. Ruth, que la acompañaba, no lo creyó. Rosa apenas podía moverse. Aun así, solo le recetaron analgésicos que tampoco le brindaron.
Ruth decidió sacarla de allí y llevarla al Hospital Mariana de Jesús. Luego fue derivada al Hospital del Guasmo, donde finalmente le realizaron radiografías y tomografías. Golpes en la cabeza, inflamación, contusiones y fuertes dolores confirmaron que su estado no era leve.
“Decir que estaba bien fue una negligencia”, sostiene Rosa. Aclara que la atención adecuada llegó después: “En el Mariana de Jesús y en el Guasmo sí me revisaron como debía ser. El problema fue Monte Sinaí”.
La despedida de su hija mayor
Esa misma noche, aún con el cuerpo inmóvil por el dolor, Rosa tomó una decisión. Quería despedirse. “Yo quería estar con mi hija. Marita ya sabía, no tuve ni que decirlo. Así me estuviera muriendo, yo quería ir con ella”. Firmó un documento para salir del hospital.
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“Yo en mi mente la veía sonriendo. Verla así me hizo entender que está con Dios, y que yo tengo que pelear por su hermana, que tiene tres años. Si Dios me dejó aquí fue por algo”, confiesa, pero su voz se quiebra. Las lágrimas vuelven.
“Ellas eran inseparables”, recuerda. Jugaban, comían, dormían juntas. Sabe que el vacío llegará también para la pequeña cuando crezca.
La denuncia que ilusiona con justicia para la menor
El accidente desató protestas en el sector. Vecinos bloquearon la vía tras la fuga del conductor. Rosa denuncia que no hay cámaras ni controles y que la zona es peligrosa para peatones, pese a ser paso escolar.

Ciudadanos reaccionaron indignados, cerrando la vía con llantas que quemaron con ese fin. El bloqueo se mantuvo por unas dos horas.
Pidió semáforos, pasos cebra y señalización. Presentó la denuncia, aunque sabe que sin videos el proceso es cuesta arriba. Antes de despedirse, deja un mensaje claro: más atención en los hospitales y más seguridad en las vías.
“Ojalá que de algo sirva todo esto”, dice, y agrega: “Que ninguna mamá, ningún papá, ni ningún abuelito pase por lo que estoy pasando yo”.
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