Buena Vida
Tradición en Penipe: Devoción que surgió por imagen en un árbol
Cada febrero, una comunidad de este cantón de la provincia de Chimborazo vibra por la fe en la Madre celestial. Conozca cómo nació la tradición

En el interior de la iglesia parroquial conservan la imagen hecha en el árbol de la aparición. FECHA: 2026/02/ 08
En la parroquia rural La Candelaria, del cantón Penipe, provincia de Chimborazo, la fe no se aprende, se hereda. Pasa de padres a hijos, se vive en familia y se fortalece en la comunidad.
Esta localidad con un poco más de 450 habitantes adoptó su nombre de la representación de la Virgen María coronada sosteniendo al Niño Jesús en su brazo izquierdo y un cirio encendido en la otra que alguna vez vieron, la declararon patrona y es el centro de la vida misma de la población.
Buena Vida
Tradición en San Fernando: Fervor en comunidad por festividad del Señor de la Misericordia
Claudia Pazán
A diferencia de otras advocaciones, la Virgen no llegó de fuera ni fue donada, se les presentó, en una fecha no registrada. Según la tradición oral, la Madre celestial se apareció en un tronco, en una hacienda. Con los años, los terrenos se dividieron, los trabajadores los compraron y así nació el caserío que ahora es parroquia, formada por familias dedicadas a la agricultura y ganadería.
“Cuentan que la Virgen apareció en un tronco, en la Hacienda Vieja. Quienes la vieron dijeron que se parecía a la Virgen de la Candelaria de Colombia. Por eso decidieron tallar la imagen con la madera del mismo árbol donde la vieron”, refiere Diego Barba, presidente del GAD Parroquial.
La pequeña imagen original, tallada en el tronco del suceso sobrenatural, permanece en lo alto del altar mayor. “Esa es la Virgen original, no se la mueve. La que sale a las novenas y procesiones es una copia que se mandó a hacer”, explica el dirigente.

En la torre del templo colocaron otra imagen de la Virgen para que mire al pueblo.
Una casa para la Virgen
Para los habitantes, la Virgen de la Candelaria no es solo una imagen, es a quién acuden por protección y refugio en momentos difíciles. Para honrarla le levantaron su casa.
El templo que resguarda a la patrona es anterior a la parroquialización oficial de La Candelaria, en 1994. Y aunque no existen registros oficiales de su construcción, algunas fotografías antiguas muestran una iglesia de madera, levantada con mingas y esfuerzo comunitario.
Ubicada frente al parque central, la iglesia ha sido transformada poco a poco. “Cada año se van haciendo trabajos. Al inicio, la torre era pequeña, pero en el año 2000 se hicieron las bases para levantar la torre frontal y, hace seis años, se colocó otra imagen de la Virgen”, cuenta Barba. “La idea es que la Virgen esté a una altura desde donde pueda mirar a todo el pueblo”, añade.
“Hay personas que crían toros todo el año solo para sacarlos en la fiesta. Los jóvenes preparan sus mejores ejemplares para arrastrar la chamiza; otros lo hacen en persona”,
Este año, colocaron techo en la torre donde está la efigie, así como sistema de iluminación. “Pasó seis años a la intemperie, por eso se le hizo un retoque. También se colocaron luces y se cambió el color, todo con la aprobación de los feligreses”, acota el dirigente.
Otro proyecto anhelado es la colocación de un reloj visible para toda la parroquia, pensado especialmente para la gente del campo; sin embargo, el costo aún lo hace inviable. “Todos los arreglos se realizan con los fondos de las misas, donaciones y aportes de la comunidad”, señala el presidente parroquial.

Por la festividad de la Virgen hubo misas, ofrendas, fuego, danzas.
Fiesta para agradecerle
La fiesta más importante de la comunidad es la fecha dedicada a la Virgen de La Candelaria, por ello cada 02 de febrero llegan los fieles a honrarla. Incluso arriban de comunidades aledañas y otros sectores.
Cada año, las familias en los diferentes barrios se turnan para la organización de la fiesta con la que resaltan su fe.
Buena Vida
Santo Hermano Miguel: Un legado de vocación que sigue vivo en los catequistas
Patricia Oleas
El fervor también lo expresan con rituales propios del mundo rural. Dos días antes del 2 de febrero se unen en el arrastre de la chamiza. Yuntas y caballos ingresan al pueblo llevando la leña para encenderla en honor de la Santísima.
“Antes no había luz eléctrica. La chamiza servía para alumbrarse y calentarse. Con el tiempo, ese fuego se convirtió en ofrenda para la Virgen”, resalta Vinicio Bastidas, habitante de la parroquia, quien recalca que se enciende la chamiza para pedir salud, por promesas o dando gracias. No es una costumbre cualquiera, sino un acto con el que demuestran su fe en la Virgen que se les apareció.