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Cuerpeo

El vecino del 210

No sabe si acercarse. Es una oportunidad única para cruzar algunas palabras. No piensa desperdiciarla

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El hombre es de esos misteriosos que atraen.Shutterstock

Un sol radiante golpea su rostro. Sin pensarlo dos veces salta de la cama, toma su traje de baño y corre a la piscina. El día perfecto para refrescarse un momento. Tiene compañía. Casi todo el edificio coincide en el lugar. Mesas ocupadas y piscina casi llena. No le importa. El día es tan hermoso que nada lo empañará, ni siquiera la lluvia.

Una enorme nube negruzca cubre, de un momento al otro, el sol y el agua empieza a caer. No. No quiere irse. Lo disfruta tanto como un día soleado. El vecino del 210 parece que tampoco huye al chaparrón. No importa. Ahora sí están solos. Como esperaba hace mucho tiempo. El hombre es de esos misteriosos que atraen.

Sale cada mañana con un traje impecable y regresa antes de anochecer con la misma pulcritud. Baja la basura todos los lunes, miércoles y viernes a las 8 de la noche. Son los únicos momentos en los que puede verlo. Esos y ahora, cuando parece haber integrado a su rutina el pegarse un chapuzón en la piscina del edificio.

No sabe si acercarse. Es una oportunidad única para cruzar algunas palabras. No piensa desperdiciarla. No antes que la lluvia realmente lo ahuyente. Nada hacia él. En la mitad del camino lo saluda para avisarle que él es su destino. Estrechan sus manos. En minutos entablan una agradable conversación. Algo de fútbol, intereses mutuos y listo.

No hay anillo. Ve sus manos cuando muy sensualmente lanza su cabello mojado hacia atrás. Lo imagina haciéndolo en cámara lenta y con la lluvia cubriendo su musculoso y marcado pecho. Está como hipnotizado en sus ojos. Sus piernas tiemblan. Todo parece que pasa muy lentamente. Su concentración está fija en su mirada tanto que ni escucha lo que le dice. Ve que sus labios se mueven, pero nada más. Lo siguiente no lo ve venir.

Él se acerca. Todo transcurre en cámara lenta. Le planta un beso en la boca. Siente la humedad en sus labios. Están tibios. Cierra los ojos. Lo disfruta. Pensó que nunca llegaría este momento. Que viviría sin saber lo que es sentir el calor de ese pecho contra el suyo acompañado de un beso. Abre los ojos. Regresa a la realidad. Todo lo imaginó. Lo observa salir de la piscina. Pierde la oportunidad única. Ni tanto... siempre pueden coincidir un lunes a las 8 de la noche al botar la basura.