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Diario Extra Ecuador

La toponimia en Manabí: un viaje por los nombres que cuentan historias

La toponimia de Manabí revela historias, humor y memoria colectiva detrás de nombres curiosos que identifican pueblos y recintos

El recinto Pueblo Arrecho es uno de los nombres más curiosos que se pueden encontrar en Manabí.

El recinto Pueblo Arrecho es uno de los nombres más curiosos que se pueden encontrar en Manabí.Gustavo Vicuña en Google Maps.

Diego Alfonso Alvarado Franco

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Hay nombres de lugares que, al pronunciarse, evocan paisajes, leyendas, paisanajes y risas. En Manabí, esa toponimia —el estudio del origen y significado de los nombres propios del lugar— no responde solo a la geografía, sino a las vivencias, anécdotas y memoria colectiva de sus habitantes.

(Lea también: El Placer del Culo: la historia real del recinto manabita que cambió de nombre pero no de memoria)

En un rincón rural, entre cañaverales que trepan los cerros y caminos de tierra que llevan pausados hasta la plaza de un pequeño recinto, se encuentra El Placer, una comunidad que durante décadas fue conocida como El Placer del Culo. El nombre, que hoy oficialmente se prefiere abreviar, no ha sido olvidado por quienes lo sienten en la memoria cotidiana.

Pero este caso, aunque llamativo, no es una rareza aislada de Manabí. Esta es una provincia donde la creatividad lingüística se mezcla con la geografía, la historia y la identidad cultural. 

La toponimia manabita no es fruto de una lógica cartográfica fría, sino de experiencias concretas: un accidente geográfico, una planta característica, una anécdota local o incluso el humor popular de quienes viven allí.

Toponimia en Manabí: los nombre más curiosos

Según el gestor cultural Umeni Álava, consultado por este Diario, los nombres de Manabí “nacen de la tierra, del agua, de un suceso que dejó una marca”. Para él, la toponimia es parte de una conversación entre el territorio y sus habitantes: los recintos “cargan en su nombre lo que allí ocurrió”.

Esa lógica aparece repetida en múltiples lugares. Sitios con nombres aparentemente insólitos aparecen en los registros oficiales: Caja Fuego, Quita Calzón, Moja Huevo, Pepa de Huso, La Dicha o Pueblo Arrecho son solo algunos ejemplos de cómo el paisaje se transforma en relato a través de las palabras.

El Placer es una comunidad en Manabí antes llamada El Placer del Culo.

El Placer es una comunidad en Manabí antes llamada El Placer del Culo.EXTRA

Estos nombres no son exclusividad de recintos rurales: también el Registro Civil de Manabí ha documentado nombres personales singulares, lo que ilumina una misma actitud cultural frente a las palabras —una que prefiere el sentido narrativo, expresivo o simbólico sobre lo convencional.

Más allá de lo insólito: naturaleza, economía y cultura

La toponimia manabita también está profundamente ligada a los recursos naturales y a las actividades económicas tradicionales. Un trabajo de la Universidad Laica “Eloy Alfaro de Manabí” describe cómo muchos topónimos de la provincia reflejan frutos, animales, plantas y productos agrícolas que han definido la vida rural manabita: desde 'Camarón Adentro' hasta 'El Aguacate', 'Las Piñas' o 'El Ají'.

Este uso de nombres descriptivos —fitónimos y zoónimos convertidos en marcas territoriales— no es casualidad, sino el resultado de siglos de relación íntima entre las comunidades y su entorno natural. 

La toponimia, en este sentido, funciona como memoria ecológica: cada lugar cuenta qué había, qué se hacía allí o qué era importante para sus habitantes.

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A pesar de que algunos nombres puedan sonar chocantes para foráneos, los habitantes de Manabí suelen ver en ellos una forma de identidad y pertenencia. La risa o la sorpresa no restan importancia a historias compartidas: cada nombre tiene una explicación que el propio poblador conoce y repite con orgullo o con picardía.

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