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Marián Sabaté: "Soy dependiente, no puedo estar sola"

La animadora habló de sus romances durante pandemia, sus tropiezos en el amor, la crisis y el desempleo, incluso contó como quería su funeral...

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Marián desea que su funeral sea mejor que el de Sharon La Hechicera, pues quiere que se realice en el estadio Capwell.Freddy Rodríguez

Cuando no tiene pareja, adopta a un amigo, y si puede a dos, pues reconoce que necesita estar rodeada de personas para sentirse tranquila. Así es la presentadora Marián Sabaté, quien a sus 54 años aún no le cierra las puertas al amor, al contrario, ha abierto hasta las ventanas para que a su vida entre el hombre ideal y volver a casarse.

Sus romances forman una larga lista con nombres de caballeros que, actualmente, a la rubia se le hace complicado enumerar.

En los últimos nueve meses rondaron el empresario Juan Carlos Ullauri, el actor Enzo Macchiavello, Efrén Avilés, el joven ejecutivo Jack Osoria y hasta se especuló una reconciliación con Kikín Mero, pero lo cierto es que esos cinco galanes no fueron los únicos, pues a la nómina se sumaron dos más, de los cuales no revelará sus nombres.

“Sí oculté algunas de mis relaciones, pero lo hice con un dos por ciento, porque la mayoría ya las saben. En pandemia no les dije (a la prensa rosa) de dos personas, porque quizá sentí que no era nada formal y por eso preferí callarlo. Aprendí a ser un poco más mesurada y si lo descubren, lo negaré...”, menciona Marián sin ruborizarse, sentada en el comedor de su casa ubicada en vía a la Costa, mientras bebía dos tazas de café, bien cargadas y un jugo de naranja para quitarse el sueño, pues la producción de EXTRA la despertó al mediodía y ella normalmente se levanta pasadas las 15:00.

Sus amigas le decían que tenía suerte porque en la pandemia todos querían con ella, “no sé si fue por la COVID que decidieron regresar a mi vida. Incluso hablé con mi mejor amigo (también ex), quien vive en España y al que llamo ‘amor de décadas’, ya que lo intentamos cuando teníamos 10 años, luego 20 y así sucesivamente”.

Esa experiencia en los ‘amarres’, ‘vaciles’ o lo que sea, le ha enseñado a seleccionar lo que expone, “aunque tampoco voy a cambiar tanto”, menciona, mientras se acomoda la pijama, en señal de que las estilistas comiencen a prepararla para la sesión fotográfica.

Lo cierto es que esa constante montaña rusa de sentimientos hace que Marián reconozca que su personalidad no está del todo bien. Admite que es dependiente.

“Tengo un problema y es que no puedo estar sola. Una amiga psicóloga me dice que tengo que trabajar en mí, pero no me desagrada eso, porque me gusta estar rodeada de personas. Soy como Susanita, la mujer en la caricatura de Mafalda, que siempre soñó con el matrimonio. Me gusta estar en pareja y divertirme, me encanta dormir abrazada y empiernada. Para mí no es importante con quién te acuestes, sino con quién te levantes y yo quiero eso para mi vida”.

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Y cree que su trasero es el ‘responsable’ de tener una fila de pretendientes. Lo considera su mayor atributo, pero nunca se ha considerado sexy por eso. “Mi familia, por parte de los Morán, tiene traseros grandes. Siempre cuando realizaba fotos, me pedían salir en traje de baño, pero no era lo mío. Me cuesta posar sexy, incluso recibí una propuesta de una revista para adultos cuando tenía 40 años, pero no la acepté. En el fondo me sentí bien y halagada que haya pasado a esa edad”.

Pese a que sus pompis son su mayor atributo, entre risas explica que actualmente siente que ya no las tiene y culpa a la pandemia de eso, pues dice que le causó muchas preocupaciones ocasionándole una gran pérdida de peso, “me dejó raquítica y sin nalgas. Tendré que ejercitarme en mi viaje a España y espero venir con un nuevo cuerpo, sin cirugías”.

"Me dejó raquítica y sin nalgas. Tendré que ejercitarme en mi viaje a España y espero venir con un nuevo cuerpo, sin cirugías"Marián Sabaté

Suerte o no...

Reconoce que se desató durante el confinamiento, pero asegura que la COVID-19 le ocasionó una grave inestabilidad emocional, “me costó recuperarme de la ruptura amorosa que tuve con Juan Carlos, porque yo soy muy resiliente, que cuando algo se termina me vuelvo ‘modo switch’, una vez prendido, lo apagas y no hay vuelta atrás. Tengo mi duelo de chillar, patalear y todo, pero se termina rápido. Los hombres y las mujeres sanamos distinto”, dice, mientras pide a la maquillista que le retoque bien sus ojeras, pues ‘madrugar’ hace que su rostro se hinche.

Responsabiliza de esas facturas a sus incontables equivocaciones al elegir pareja. “Yo era la típica mujer que tenía patrones repetitivos en lo amoroso y sin necesidad de ir al psicólogo, aprendí sobre la superación personal gracias a mi hija Bárbara Fernandes (actriz). Soy de las que salen, tiene vida social y sino tengo pareja, agarro un mejor amigo, lo adopto y me le prendo como garrapata para todos lados”.

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La animadora asegura que fue parte de las estadísticas de desempleados, víctimas de la pandemia.FREDDY RODRIGUEZ

Para España

Antes de su viaje a España, el pasado fin de semana, la ‘reina de la prensa rosa’ dijo que el motivo era para visitar a su familia, pero esa no era toda la verdad, ya que el día de esta entrevista confesó que también se marchaba porque su ‘amor de décadas’ la había invitado para juntos disfrutar de unas vacaciones. “Con él me encontraré en este viaje. Ojalá se dé (retomar su relación), ¿quién sabe qué pasará? Lo único que puedo decir es que es ejecutivo español importante y lo conozco desde que tengo uso de razón, fue mi primer enamorado. Subiré algunas fotos en los próximos días y podrán conocerlo en mi Instagram”.

“Me cogió desnuda"

A inicios de la pandemia, se quedó sin empleo, pues no le renovaron el contrato en ‘En Contacto’, de Ecuavisa, porque necesitaban a personas que sepan manejar sus redes sociales y que dominaran las grabaciones y transmisiones caseras, algo que ella no sabía.

“La pandemia me cogió desnuda, tuve que salir de la televisión y empezar a aprender. Perdí mi contrato en ese canal porque no supe tecnología, no tenía ni router en casa, tuve que culturalizarme y luego puede retomar publicidades y ventas a través de plataformas, incluso me di cuenta que puedo ganar dinero, sin jefes, pero se trabaja más”, menciona entre risas.

Las críticas

A Marián también le dan ‘palo’ en redes sociales por cualquier cosita. Y mucho más por las publicaciones en las que hace canje por promocionar productos. Algunos usuarios alegan que solo vive de eso, pero la rubia aclara que el trueque no es beneficiarse de alguien, “es cobrar con un producto o servicio de imagen o publicidad. Eso se hace desde la época de las cavernas. Yo ayudo a gente emprendedora que no podría pagarle a un Efraín Ruales o una Érika Vélez por publicidad y quizá eso también les molesta a las personas porque ayudo a otros”.

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Por lo que pide a sus detractores que no se hagan ‘mala sangre’ comparándola con sensuales modelos que aparecen arregladas en todas sus fotografías, pues ella prefiere mostrarse tal y como es: sin pestañas postizas y en pijamas.

Su funeral...

Para muchos, hablar de la muerte suele ser un tema incómodo que prefieren evitar, pero para Marián no es nada tétrico, tampoco le genera temor, ya que ha pensado en cómo sería cuando llegue aquel día...

“Soy emelecista, entonces quiero mi funeral en el estadio Capwell, con puro y trago, que se diviertan, que canten y bailen, que me pongan un vestido del ícono de la moda ecuatoriana, Fabrizio Célleri, y si se puede, que mis hijos (Bárbara y Alejandro) le busquen auspiciante al entierro, para después cremarme”, cuenta sonriente.

Y es que ella desea que su funeral sea más popular que el de la cantante Sharon La Hechicera y con el ataúd abierto, para que sus seguidores, quienes la conocieron desde sus inicios en el programa ‘¿Aló, qué tal?’, la puedan ver por última vez, aunque no quiere que sus invitados se vistan de negro.

“No quiero que me entierren, sino que me cremen, y que mis cenizas las tengan mis hijos en unos colgantes en sus cuellos, así como haré con las cenizas de mi mamá. No me parece nada fúnebre eso de tener las cenizas. Yo detestaría que me vayan a llorar a un cementerio, incluso no quisiera que lloren ese día, pero es algo imposible”.

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