Shakira en Quito: Fans viven “el sueño de toda la vida” en el Atahualpa
Fans se instalaron en los alrededores del Estadio Olímpico Atahualpa para el primer concierto de Shakira en Quito. Largas filas y ventas informales

Mamá, cuñada e hija llegaron tempranito para ver a Shakira y corear sus canciones.
Llegó el día cero para ver a Shakira y los alrededores del Estadio Olímpico Atahualpa ya estaban llenos. Aunque varias calles permanecían cerradas, las filas se extendían a lo largo de los accesos habilitados, en medio de risas, música y vendedores ambulantes.
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Entre las primeras en llegar estaba Erika Jaramillo, acompañada de su hija y su cuñada. Viajaron desde La Armenia, en el Valle de Los Chillos. “Somos súper fans de Shakira, desde siempre. Esperamos vivir el sueño de toda la vida”, dijo.
Su plan era claro: cantar Inevitable, Antología y Día de enero con toda el alma, aunque también corear los nuevos temas. “Queremos pasar una noche increíble, eso esperamos”, añadió Erika.
Desde Latacunga
A pocos metros, otras tres jóvenes se alistaban para ingresar a la localidad General. Mayra Medina, Michelle Montero y Raquel Ramos llegaron desde Latacunga. Salieron a las 7:00 y, pese al viaje, no se quejaron del cansancio. “No hubo tráfico de entrada, todo muy tranquilo”, cuenta Mayra.
Las tres esperaron varias horas, pero el entusiasmo no se apagó. “Por todo lo que se ha visto estos días, por la logística, las luces y los ensayos, creemos que será el show del año”, dijo Michelle

Ventas informales y calles peatonales
La avenida Naciones Unidas se transformó. Las ventas informales invadieron toda la zona, que por estos días pasó a ser prácticamente peatonal, debido a los cierres dispuestos por las autoridades para garantizar la seguridad.
Abundaron las camisetas, gorras, cintillos y caderines con la imagen de Shakira. Los vendedores ofrecían también botellas de agua, ponchos plásticos y carteles, mientras los fans se organizaban en largas filas que avanzaron lentamente hacia las puertas del estadio.
No importa nada
A las 14:00, los primeros grupos comenzaron a ingresar por las puertas designadas. Miles de personas que seguían llegando desde distintas provincias con mochilas, sombreros e impermeables.
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En los alrededores del Atahualpa, la escena se repetía: madres e hijas vestidas de morado, grupos de amigos que se conocieron en la fila, comerciantes que aprovechaban el movimiento. Todo apuntó a que la noche, como dijeron Erika y Mayra, sería el sueño de toda la vida. La Loba llegó.
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