SUSCRÍBETE
Diario Extra Ecuador

La historia detrás de la Casa Tola: “Era un pequeño palacio” en Guayaquil

El historiador Gabriel Fandiño relata como nació la emblemática Casa Tola de Guayaquil en un mundo donde todo era distinto en el Puerto Principal

Imagen antigua de la 9 de Octubre donde se observa a la Casa Tola, cuando su arquitectura destacaba como símbolo del auge urbano en el puerto, hace más de ocho décadas.

Imagen antigua de la 9 de Octubre donde se observa a la Casa Tola, cuando su arquitectura destacaba como símbolo del auge urbano en el puerto, hace más de ocho décadas.FB: Guayaquil 2020

Diego Alfonso Alvarado Franco

Creado:

Actualizado:

La Casa Tola no siempre fue un cascarón abierto ni una estructura en riesgo. Hubo un tiempo en que fue símbolo de estatus, modernidad y hasta de vínculos internacionales. Su origen se remonta a 1918, cuando fue levantada por Guillermo Tola, patriarca de una de las familias tradicionales del puerto.

(Lea también: Denuncian a Aquiles Álvarez y a dueño de la 'Casa Tola' por supuesta destrucción a los bienes patrimoniales)

“El núcleo donde está ubicada es donde se formó la nueva Guayaquil. Es una casa importantísima, emblemática”, explica el historiador Gabriel Fandiño, miembro de la Academia Nacional de Historia.

Su construcción coincidió con una ciudad que se reconstruía. Apenas habían pasado unas décadas del gran incendio que arrasó con gran parte de Guayaquil a fines del siglo XIX, cuando predominaban las casas de madera. Para entonces, el uso de materiales mixtos comenzaba a imponerse.

“La Casa Tola es una construcción mixta, con cemento, argamasa y madera. Representa ese momento en que la ciudad empezaba a cambiar”, detalla Fandiño.

De casa familiar a consulado

Más allá de su arquitectura —que incorporaba elementos neoclásicos, Art Nouveau y tendencias como el Art Déco—, la vivienda tuvo un rol singular: fue sede del consulado de Mónaco en Guayaquil.

La conexión no era casual. La familia Tola mantenía vínculos con la realeza monegasca. “Guillermo Tola se hizo amigo de la familia principesca de Mónaco. Incluso llegaron a visitar la casa”, relata el historiador.

El interior de la Casa Tola, cuando aún conservaba su diseño original.

El interior de la Casa Tola, cuando aún conservaba su diseño original.Tomado de Mundo Diners

Para la época, la residencia no era una más. Era, según Fandiño, “una casa pelucona”, un reflejo del poder económico de sus propietarios. “Para los estándares de ese tiempo, era como un pequeño palacio en el centro de la ciudad”.

Una casa viva durante un siglo

A diferencia de muchas edificaciones patrimoniales que con el tiempo quedaron vacías o reducidas a fachadas, la Casa Tola conservó su esencia durante décadas. No solo se mantenía en pie: estaba habitada y conservaba su interior casi intacto.

“Era una de las poquísimas casas que no solo tenía el cascarón, sino que por dentro conservaba todos sus detalles, incluso los muebles”, señala Fandiño.

La última habitante fue Clemencia Tola, hija del fundador, quien vivió allí hasta 2016. Con su muerte, la casa quedó desocupada por primera vez en casi cien años.

“Era una casa totalmente funcional. Todo servía, todo estaba en uso”, recuerda.

El inicio del deterioro

Pese a haber resistido incluso el terremoto de 2016 sin daños estructurales significativos, el declive llegó después. En 2022, parte de su fachada colapsó de forma inesperada.

Se habló de descuido, de falta de mantenimiento. Ahí hay un conflicto entre entidades, pero lo cierto es que comenzó el deterioro”, indica Fandiño.

Gabriel Fandiño, historiador ecuatoriano.

Gabriel Fandiño, historiador ecuatoriano.Cortesía

Desde entonces, la casa quedó expuesta. Como una maqueta abierta, donde podían verse los cuartos, pasillos y hasta el dormitorio de su última habitante. “Parecía una casa de muñecas”, describe.

Un testimonio que se apaga

Para Fandiño, la pérdida de la Casa Tola trasciende lo arquitectónico. Es una herida en la memoria visual de la ciudad.

“La historia entra por los ojos. Cuando desaparecen estos edificios, desaparece una forma de entender el pasado”, reflexiona.

Así se veía la Casa Tola en 2015, antes del terremoto de 2016 que la dejó frágil y vulnerable. Esa inestabilidad terminó por desatar su derrumbe parcial en 2022.

Así se veía la Casa Tola en 2015, antes del terremoto de 2016 que la dejó frágil y vulnerable. Esa inestabilidad terminó por desatar su derrumbe parcial en 2022.Google Maps.

En una ciudad donde cada vez quedan menos estructuras con más de un siglo de antigüedad, su deterioro representa algo más profundo: la desconexión con su propia historia.

“No hay mucho que uno pueda tocar hoy en Guayaquil y decir: esto también lo tocó alguien hace cien años”, lamenta.

¿Restaurar o reconstruir?

El futuro de la Casa Tola es incierto. Según el historiador, una restauración completa ya no sería viable. Lo que queda es pensar en una reconstrucción.

“Probablemente implique demoler lo que queda y levantarla nuevamente, como se ha hecho con otras casas patrimoniales”, explica, en referencia a modelos como el del Parque Histórico.

Pero más allá de la decisión técnica, el debate es otro: qué tanto está dispuesta la ciudad a invertir en conservar su memoria. “Dejarla morir es perder un testimonio vivo de la historia de Guayaquil”, concluye.

tracking